lunes, octubre 24, 2011

"El hombre de la pistola bañada en oro"("...Solo una voz de un país lejano lo defiende llamándolo héroe y mártir...")



POR:MARÍA ISABEL PÁRRAGA B.

Una pistola bañada en oro es una imagen demasiado elocuente. Es la mezcla del poder, la riqueza llevada hasta un grado asqueroso donde la muerte se celebra con oropeles y el sustento de que ese coctel perverso puede dominar a un pueblo por muchos años. Pero como decía el maestro Héctor Lavoe: "todo tiene su final, nada dura para siempre", quien a hierro mata (pistola de oro en mano), no puede morir a sombrerazos. Escrito está: los tiranos tarde o temprano caen y en el peor de los casos son tan mortales como el resto de los humanos, aunque esta palabra les quede grande. Son tan vulnerables como el resto. Son pasajeros como su poder aunque medido en años luzca como toda una eternidad. En la historia solo dejan tras de sí una estela de corrupción, torturas, injusticias y muerte que su propio pueblo (aún si lo amó antes de tanta perversión) se encargará de transmitir de generación en generación como una sombra oscura de su pasado. De ellos solo queda el mal recuerdo aunque muchos desde lejos en una abierta falta de respeto con una nación desangrada a punta de masacre y represión se empeñen en defender y enaltecer lo indefendible y enaltecedor. Cuando el héroe es un villano así tenga una espada sagrada (que solo debería estar en manos de quien en verdad tenga méritos) siempre será un mal hombre, un error, una desgracia para la humanidad. Y es que quien proclama el odio, la división y el terror como ley de vida nunca podrá ser recordado como un héroe y menos aún como un mártir.

¿De vida?

Y es que una pistola bañada en oro es más que un retrato, es una filosofía ¿de vida? En el que paradójicamente "la muerte" o, lo que es lo mismo, el poder decidir si alguien es digno de estarlo o no se festeja con el lujo y la ostentación. Un instrumento para acabar con el prójimo es, en sí mismo, una joya. Eso, aunque suena duro, es un asco. Por eso no extraña que se hable de matanzas, exterminio y opresión por parte de su dueño.

El poder siempre es efímero aunque muchos en medio de su egolatría piensen que durará toda una eternidad. Esa es la gran moraleja de la Historia. Ojalá que quienes lo detentan tuvieran eso en mente. El querer preservarlo a toda costa por lo general los transforma en los malos de la partida, en los manipuladores y opresores de su propio pueblo.

El hombre de la pistola de oro al final quedó solo, escondiéndose de quienes en el pasado quizás le daban vítores. Solo una voz de un país lejano lo defiende llamándolo héroe y mártir... Ese mismo que un día le regaló una espada símbolo de libertad. ¿Extraño no?

mariaisabelparraga@gmail.com

Fuente:http://www.eluniversal.com/opinion/111024/el-hombre-de-la-pistola-banada-en-oro

1 comentarios:

Elecciones Mexico dijo...

Que tristeza ver la muerte como representación de justicia, es algo realmente irónico e inaceptable.