sábado, julio 14, 2007

"EL NAUFRAGIO ROJO"


Por: CARLOS BLANCO/TIEMPO DE PALABRA.


"Lo que ha logrado dibujar Chávez como aspiración es un proceso parecido al cubano"

El principal error de Chávez fue haberse creído sus propias fantasías dominicales. El hombre anda como un bombero desesperado, de incendio en incendio, con aquella manguera lánguida y el chorrito de agua, en su mano derecha; mientras que con su mano izquierda agarra un tizón con el que le pega candela al pajonal seco en que se ha convertido Venezuela. La doctrina es la piromanía bolivariana y cabe la pregunta, ante tanto calorón, sobre lo que quiere o se propone el atolondrado militar.

¿Qué Quiere?

Quiere concentrar el poder, lo cual significa, al mismo tiempo, despojar de poder a lo que sea diferente o contrario a su dominio. El poder que acumula es la contrapartida de un despojo sistemático del poder de los otros: como gobernante, reclama la subordinación total del Estado; como jefe político, demanda la subordinación total de los ciudadanos.

Ese es el objetivo. ¿Para qué lo quiere? Para hacer la revolución tal como la concibe y que, como consta en los anales del ridículo universal, es una combinación de Marx, Bolívar, Lenin, Mao, Trotsky, Ceresole, Heinz Dieterich, Misia Harnecker, Eva Golilla, Castro, Baduel y un curioso de Birongo que mientan "el Tuerto" Rebanales. A pesar de tan intensa flatulencia ideológica, lo que ha logrado dibujar Chávez como aspiración es un proceso parecido al cubano, incluidos su Fidel y su Raúl, en el remedo cenizo y caricaturesco de Hugo y Adán.

¿Cómo quiere lograr el barinés su memorable hazaña? Mediante la asfixia. No es el estrangulamiento propio de las viejas dictaduras, sino el sofoco del adversario, característico de las modernas tiranías, que no quieren dejar la huella de los puñetazos en el rostro y en el abdomen.

Así ha obtenido victorias, con esa famosa empresa de maquillaje que es el CNE, capaz de convertir urnas vacías en unos millones de votos. Pese a sus habilidades de tahúr, el mundo se le descompone. La flauta no suena; los enanos crecen; los que no pueden ver RCTV no se pasan a TVes sino que apagan los televisores; la cacofonía oficial se hace inaguantable. El hombre pierde la magia y el truco no le sale; cuando intenta hacerse invisible para atravesar el alto muro, como hacía antes, lo que logra es un tortazo memorable.

Avance Sin Apoyo

Chávez leyó mal el 3 de diciembre. La victoria que obtuvo no se la dio el pueblo entusiasmado de revolución, sino una combinación de miedo, amenazas y fraude. Tal era el ambiente.

Cuando se ejerce el terror se ejerce sobre todos, los propios y los ajenos. Aun los que querían votar por Chávez lo hicieron bajo el signo de la amenaza: no podían tener, siquiera, la teórica posibilidad de no hacerlo. De cualquier forma iban a votar por él, pero en vez de hacerlo en libertad, lo hicieron con los comisarios fisgoneando sobre sus hombros. Fue una victoria sucia, aunque la proporción de suciedad siga siendo tema de debate entre los sabios de Bizancio.

Con esa victoria, pensó que podía avanzar en el conjunto de sus locuras, al mismo tiempo. Él solo había sacado los votos; él solo podía decidir; el pueblo fascinado, rendido a sus pies, sería su base de apoyo. El mismo error sobre el 13 de abril de 2002, según el cual las multitudes lo habían repuesto en el cargo, cuando en realidad habían sido las torpezas de torpes generales y torpísimos almirantes. Apenas los desinformados creen que Miraflores estaba rodeado de multitudes, cuando en realidad eran pocas centenas de ciudadanos que se transformaron en multitud después del regreso de Chávez.

Lo que hay en 2007 es un desastre de proporciones insondables. El cierre de RCTV unió a la disidencia nuevos contingentes sociales, especialmente juveniles. El Partido Único es el parto de los montes. La inflación se come la rabadilla del Gobierno. Mientras, lo que se le ocurre al caudillo es crear una crisis militar profunda; acabar con la descentralización, y producir un caos en las relaciones internacionales.

La Provincia Se Alzará

La descentralización se inició en 1989 y transformó, desde su inicio, al país. Se refrescó la institucionalidad; se abrió un camino para la participación democrática de los ciudadanos; se crearon oportunidades para nuevos liderazgos, y se le dio protagonismo a las regiones y municipios, en medio de la diversidad característica de la democracia. El gobierno de Caldera fue adversario de la descentralización y, en vez de profundizarla, dedicó los esfuerzos a una reforma constitucional que fue un rotundo fracaso. Cuando llegó Chávez, ninguneó la descentralización y ahora siente que puede liquidarla. La Comisión Central de Planificación es el verdugo institucional para asfixiar a gobernaciones, alcaldías y otras instancias descentralizadas o desconcentradas, para ponerlas en manos del Ejecutivo; es decir, del César.

Sin embargo, allí se incuba la rebelión. Es una conquista que no sólo se sustrae a gobernadores y alcaldes, sino a regiones enteras. El hombre calculó mal; no entiende que las autonomías son la base del ejercicio efectivo de la diversidad y condición de la democracia. En su afán de eliminar lo diferente arrasa con todos, aun con los suyos.

Militares Bravos

La primera vez que se le paró el Alto Mando fue en abril de 2002. La segunda es ahora. Aquellos días lo hizo a la brava; ahora lo hizo a la callada. No quieren ni aceptan el dilema entre socialismo y muerte; ni quieren acompañarlo en una conflagración enloquecida. Esos mandos militares lo hicieron retroceder y lo obligaron a dejar colgado de la brocha a Müller Rojas. Chávez promete que esto no es más que un retroceso táctico, hasta que el nuevo ministro de la Defensa ponga el orden necesario; pero el tierrero que se ha levantado impide la visibilidad, no permite distinguir a los rojos de los azules, y, posiblemente, signifique más bajas que aquellas aportadas por el Alto Mando.

La Cómica

Junto con los desastrosos resultados internos, los ribetes bufos de la política internacional son estridentes. Hasta Evo Morales, taimado vividor, manda a sus ministros a marcar la diferencia con el venezolano. Para algunos zánganos del escenario internacional, Chávez dejó de ser un proyecto político y se convirtió en un lucrativo negocio, tasado en dólares.

La reforma constitucional es la tapa del frasco, diseñada para ponerle colorete y hacer presentable en foros y seminarios el proyecto autoritario. Su objetivo es eliminar derechos irrenunciables, establecer la monarquía bolivariana y darle barniz constitucional a la autocracia militarista. En este marco, la morisqueta de reforma se vuelve, en forma absoluta, inaceptable. Su intento es expresión de la tiranía en marcha, sea ésta indefinida, continua, permanente, consecutiva o eterna, y la tiranía sólo puede rechazarse en forma radical. La democracia existe o no existe: no es negociable.

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