martes, diciembre 17, 2013

"Ilegítimo, a pesar del 8D"("...Venezuela, en suma, sigue bajo el mando de un gobernante ilegítimo...")

"Las mayorías en una democracia no pueden, mediante el voto, escoger el camino de la dictadura"

POR:ASDRÚBAL AGUIAR.

Entiendo bien que la política es una ciencia que administra realidades. Una de ellas es que hay un heredero que invade hace meses -con el apoyo inconstitucional de los suyos- el Palacio de Miraflores y desde allí manda al país. Posee y actúa de forma ilegítima, y esto también es otra realidad.

La política, cabe ajustarlo, cuando se entiende como el "campo más vasto de la caridad" -la expresión es de Pío XI- y, de suyo, cuando es servicio al prójimo y medio para su perfectibilidad, trasvasa el odre de los hechos inmediatos para situarse como vector de los mejores derroteros. De modo que, lo ominoso o desgraciado de las realidades con las que topa la política y que a diario obligan a los políticos a mediar y transar, no conlleva tener que soportarlas y menos poner de lado el deber de cambiarlas.

La política, además, cuando sirve a la verdad, ha de realizarse con fundamento en principios invariables e irrenunciables; lo que no implica una ideologización de las realidades. Antes bien, exige el manejo de las realidades conforme a los cometidos finales del ser humano. Y esa verdad tiene nombre y apellido, es la dignidad humana, de la cual se coligen esos principios fundantes de la misma actividad política. De no ser así, apenas sería un instrumento de la perversión. Dicho esto, he de observar que el ocupante de Miraflores sigue siendo un gobernante ilegítimo, a pesar de los debatidos y controvertidos resultados de las elecciones municipales del pasado 8 de diciembre.

Unos dicen que el régimen perdió todas las capitales "vitrina" de Venezuela: expresión que al paso molesta, pues toda vitrina oculta la trastienda del abandono, lo decía Rómulo Betancourt. Otros, arguyen que los seguidores del mismo régimen suman más alcaldías que sus adversarios opositores y demócratas. Los más, en fin, dicen que uno y otro grupo siguen en tablas. Pero en algo coinciden ambos. Los unos, para decir que la democracia perdió en su intento de plebiscito frente al inmaduro heredero. Los otros para señalar que fue error intentar hacer de las últimas elecciones eso, un plebiscito.

Unos y otros, como lo creo, al admitir siquiera como imagen que los comicios recientes eran una suerte de revisionismo del fraude electoral ocurrido antes, durante las elecciones del 14 de abril precedente, prostituyen el sentido y propósito de la política según los términos explicitados; todavía más, es un sacrilegio si la entendemos como política democrática.

Quiero decir con esto que la ilegitimidad democrática de origen, cuando es producto de golpes desde el Estado, jamás es redimible. Mal puede ser purificada a través de un hecho electoral. Tanto como no podía cumplir ese cometido la jornada del 8D, menos podía admitirse la legitimidad de unas elecciones presidenciales como las del 14A, cuyo objetivo fue, justamente, escoger entre un candidato constitucionalmente habilitado -Henrique Capriles- y otro que jamás ni nunca pudo ser candidato, salvo por lo ocurrido, los dos golpes que le asesta a la Constitución el Tribunal Supremo de Justicia en acatamiento del testamento político de nuestro último gendarme, fallecido en La Habana.

Según la doctrina democrática más autorizada y a la luz de la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, las mayorías en una democracia no pueden, mediante el voto, escoger el camino de la dictadura. Mediante el voto de las mayorías nunca pueden reducirse los derechos de las minorías. Siempre es ilegítimo poner de lado, mediante el arropamiento mayoritario, las garantías de la democracia, del Estado de Derecho, y de los derechos humanos. Quien hoy ocupa la sede presidencial de Venezuela -no debe olvidarse- es la obra de dos atentados constitucionales. El primero, la sentencia de 9 de enero del presente año -próxima a su aniversario- mediante la cual se le encarga de la Presidencia ilegítimamente, sin que ello fuese posible; pues el electo para el mandato que se iniciaba el día 10 no tomó juramento, murió. El ejercicio constitucional transitorio correspondía al presidente del Parlamento. El segundo, es la sentencia de 8 de marzo que acepta, violando palmariamente a la Constitución, que el Vicepresidente en ejercicio se presente como candidato presidencial.

Venezuela, en suma, sigue bajo el mando de un gobernante ilegítimo. Es la consecuencia, eso sí, de una desviación genética o realidad trágica que ha llevado a entender o hacer creer a las mayorías que la fuerza de las espadas o el voluntarismo, incluso apoyado en la mentira con mengua de la razón y de la decencia humana, también vale: ¡Así, así es que se gobierna! Pero ello es, justamente, lo que deben atajar y "resistir" los políticos, si son demócratas y creen en los principios.

correoaustral@gmail.com
 Fuente:http://www.eluniversal.com/opinion/131217/ilegitimo-a-pesar-del-8d

domingo, diciembre 15, 2013

"La oposición venezolana cierra un ciclo y se dispone a reformularse"."Los resultados de las elecciones municipales obligan a la Mesa de la Unidad a reestructurarse y sumar a nuevos grupos."




POR:ALFREDO MEZA.

Es cierto: Henrique Capriles Radonski, gobernador del estado Miranda, fue quien mejor resistencia opuso a los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro en quince años. Con justicia se convirtió en el líder de la oposición cuando se impuso a otros cinco candidatos en las primarias de febrero de 2012. Pero tras cuatro procesos electorales con resultados adversos y sin nuevos comicios la oposición ha comenzado a replantearse de qué manera enfrentará al chavismo en el corto plazo.

En estos días sus principales voceros tratan de sacar un balance positivo de las elecciones municipales del domingo pasado, a la vez que se reúnen entre ellos para iniciar lo que Ramón Guillermo Aveledo, el secretario de la Mesa de la Unidad (MUD), la alianza de partidos opositores, ha llamado una introspección. Está claro que la estrategia pactada hace casi dos años –derrotar al gobierno por la vía electoral y subordinarlo todo, incluso la necesaria discusión sobre la visión del país, a conseguir más votos que su contraparte- ha culminado con el resultado del domingo, bueno o malo según la interesada interpretación de las cifras. Es cierto que la oposición sumó más alcaldías –de 55 pasó a 76-, que hubo un avance si se miden sus votos de esta contienda con respecto a los obtenidos en los comicios regionales de diciembre de 2012, que gobernará en 19 de las 24 provincias, pero la amplia derrota en el voto nacional obliga a reconsiderar por qué razón se volvió a ensanchar la brecha que en abril, cuando se midieron Maduro y Capriles, fue de 1.49%. Hoy la diferencia es casi la misma que obtuvo el fallecido Hugo Chávez en octubre de 2012 (55.07% versus 44.71%)
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El viernes pasado el Consejo Nacional Electoral dio los resultados definitivos. El Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y sus alianzas capitalizaron 242 alcaldías, el 72,24% de las 335 en disputa y una suma de 5.277.491 sufragios (54% de los votos). La MUD y sus aliados obtuvieron 75 alcaldías, 22.39% del total, con 4.423.897 votos (44% de las papeletas válidas). No pocos observadores atribuyen ese resultado a la desmovilización de las bases opositoras promovida por Capriles tras declararse ganador de las elecciones sobrevenidas del 14 de abril. En aquella ocasión el gobernador prefirió evitar el estallido de un conflicto civil a gran escala y continuar su reclamo por la vía judicial a sabiendas de que sería muy difícil lograr su objetivo siguiendo ese camino.

Hoy no está en discusión la unidad de la oposición, pero sí la estrategia para enfrentar a Maduro. Ramón Guillermo Aveledo ha colocado su cargo a la orden para repensar el futuro de la alianza. En paralelo se destaparon diferencias hasta ahora ventiladas puertas adentro. En un sintonizado programa de radio matutino Aveledo criticó a los parlamentarios que colocaron en la agenda temas que no estaban en el radar de intereses de la MUD, que se centró en señalar las consecuencias de la crisis socioeconómica legada por el modelo chavista. “Nos distrajimos en el Esequibo o la nacionalidad colombiana de Maduro”, dijo. Fue una alusión directa al trabajo de algunos diputados opositores reunidos en un grupo llamado “La movida parlamentaria”. En noviembre, en plena campaña electoral y junto a miembros del partido Voluntad Popular, los parlamentarios viajaron al Esequibo, en la frontera con Guyana, para reafirmar la soberanía sobre el territorio, protestar in situ el otorgamiento de concesiones petroleras en aguas territoriales de Venezuela y dejar en claro, especialmente a los militares venezolanos, el aparente desinterés del Gobierno por atender la silenciosa expansión de los intereses de Guyana. La líder del grupo es la diputada independiente María Corina Machado.

Al mismo tiempo Henrique Capriles criticó, aunque sin mencionarlo, al líder del partido Voluntad Popular, Leopoldo López, quien en un comunicado de prensa resaltó la mayoría obtenida por su organización dentro de la alianza opositora en las municipales. A la luz de esos resultados la tolda es hoy el principal partido de la oposición. “Todos los alcaldes están en sus cargos gracias al trabajo de la unidad”, dijo a la salida de la proclamación de uno de ellos, el burgomaestre de la zona metropolitana de Caracas Antonio Ledezma.

En esas dos diferencias públicas se asoma una grieta que divide a la oposición en dos: entre aquellos que apuestan a seguir una ruta centrada en lo electoral, donde se encuentran Acción Democrática (socialdemócrata) Copei (socialcristiano) y sus líderes, los viejos dirigentes que barrió Chávez en 1998, y quienes, sin desconocer lo previsto en la Constitución, creen que hay que estimular un desenlace en el corto plazo para evitar que las consecuencias de la profunda crisis económica del próximo año provoquen la salida de Maduro y una sucesión no deseada, que venga incluso dentro del chavismo. Ellos son los dirigentes opositores surgidos en estos últimos tres lustros. Los primeros están dispuestos a dialogar con el gobierno sin tomar en cuenta que la convocatoria pública de Maduro a los alcaldes tiene una condición: que todos ellos trabajen en sus municipios bajo los lineamientos del Plan de la Patria 2013-2019, el último programa de gobierno escrito por Hugo Chávez, convertido en ley de la República por la mayoría chavista en el Poder Legislativo a principios de diciembre. Los segundos no consideran un mal menor la supuesta colisión de este plan con la Constitución venezolana, ni la complicidad del Consejo Nacional Electoral con el ventajismo del Gobierno, y son partidarios de estimular y acompañar la protesta de los ciudadanos en la calle.

Es un enfrentamiento generacional de consecuencias que aún no es posible avizorar. La oposición enfrenta de nuevo una encrucijada. O se convierte en un adversario a la medida del gobierno, que cumpla con las formalidades electorales cada vez que la convoquen, porque entiende que de esa forma podrá convertirse algún día en mayoría, o se arriesga a seguir un camino incierto que puede terminar en un nuevo abismo o en una ruta inédita al palacio de Miraflores. Las apuestas están abiertas.

Fuente: http://internacional.elpais.com/internacional/2013/12/15/actualidad/1387068587_367253.html

"No Maduro, usted sigue siendo ilegítimo"("... Usted no tiene suficiente autoritas sobre los venezolanos...lo que debe hacer es dejar de sembrar odio con esa prédica disolvente...")

 
 
POR:FERNANDO OCHOA ANTICH.

La razón es muy sencilla. Usted no tiene suficiente autoritas sobre  los venezolanos y mucho menos sobre la Fuerza Armada. Esta condición sólo surge como consecuencia de la actuación ética de un líder que genera ante los ciudadanos respeto y admiración. Dolorosamente, usted no ha interpretado el momento histórico que enfrenta Venezuela teniendo, por esas circunstancias del azar, la responsabilidad de estar al frente de la jefatura del Estado. Usted, en lugar de empinarse ante sí mismo para enfrentar las difíciles realidades que vive nuestra patria, lo único que ha hecho, durante estos meses de Gobierno, es irrespetar la dignidad de nuestro pueblo y los valores más sentidos de nuestra nacionalidad. Usted, en lugar de buscar la concordia de su pueblo, se ha dedicado a sembrar odio a través de una prédica cargada de resentimiento.

Usted pudo haber obtenido más votos en las elecciones municipales, aunque esa supuesta victoria suya, ha empezado a tener muy diversas interpretaciones, pero lo que no logró fue fortalecer su  legitimidad, ya que fue tan grotesco el ventajismo que utilizó para lograr ese discutible éxito, que hasta sus seguidores tienen que estar convencidos, de que en iguales y equitativas condiciones electorales, la oposición lo derrotaría sin ninguna dificultad. Esa es la verdad. Usted se imagina unas elecciones en la cual la oposición tuviera el mismo acceso a los medios de comunicación que tuvo usted para ayudar a sus candidatos. Usted cree que los venezolanos pueden aceptar que usted haya abusado del poder imponiéndonos hasta tres cadenas diarias para escuchar sus mentiras sobre una supuesta guerra económica y otras calumnias contra muchos venezolanos honestos.

Tampoco es aceptable que los medios de comunicación del Estado hayan sido utilizados, sin ningún límite, por los candidatos oficialistas y negados totalmente a los de la Mesa de la Unidad. El colmo del ventajismo electoral fue escoger el 8 de diciembre como el día de las elecciones, haciéndolo coincidir con el Día de la Lealtad a Hugo Chávez, justificando de esa manera una cadena presidencial durante las horas de votación y un sinnúmero de abusos de todo orden que buscaban influir en los votantes para que favorecieran a los candidatos del Gobierno. También se debe señalar la injustificable debilidad de la Fuerza Armada que permitió la presencia de tarantines del PSUV a menos de 200 metros de los centros electorales  y su incapacidad para enfrentar a los grupos de motorizados armados enviados para atemorizar a nuestros testigos.

Estas son algunas de las razones por las cuales usted no puede tener legitimidad. Para colmo, usted se atreve a invitar a los alcaldes de oposición que lograron, en medio de tantas desventajas, ganar las elecciones, a una reunión, poniendo como condición que tienen que reconocerlo a usted como Presidente y aprobar ese mamotreto que usted llama el "Plan de la Patria". Al darse cuenta, que la respuesta de muchos de ellos tuvo la dignidad que esperaban sus electores, se le ocurre empezar a designar a los perdedores para funciones dentro de la propia área territorial, buscando de esta manera que fracasen los alcaldes escogidos por la voluntad popular. Esa jugada no le dará resultado. La mayoría de los alcaldes de la oposición harán una brillante gestión, como hizo Ledezma, en la Alcaldía Mayor.


Usted, en lugar de tratar de destruir a los nuevos liderazgos que están surgiendo en Venezuela, debería reflexionar sobre los grandes problemas nacionales y la tragedia que vive Venezuela como consecuencia de los infinitos errores cometidos por su mentor Hugo Chávez que, en medio de su soberbia, despilfarró los mayores ingresos petroleros que ha tenido Venezuela en toda su historia y que, además, endeudó a nuestro país en más de 220.000 millones de dólares, comprometiendo el destino de nuestras futuras generaciones.  Usted, lo que debe hacer es dejar de sembrar odio con esa prédica disolvente, ya que de seguir por ese camino lo único que logrará es un gran enfrentamiento nacional. Recuerde que los errores políticos tienen siempre un inmenso costo para el líder que los comete...

fochoaantich@gmail.com

@FOchoaAntich.

Fuente: http://www.eluniversal.com/opinion/131215/no-maduro-usted-sigue-siendo-ilegitimo

sábado, diciembre 14, 2013

"Los resultados del 8-D"("...despreciar la voluntad popular....los ministerios y “protectorados” para los perdedores...")



 POR:FERNANDO LUIS EGAÑA.

Lo primero es lo primero: este proceso electoral se convirtió en la apoteosis del ventajismo para avasallar, discriminar y tratar de condicionar resultados. Es decir, agravó la realidad impuesta en el laberinto revocatorio del 2003-2004 –continuada y reforzada desde entonces—que hace que las elecciones y referendos venezolanos no se realicen en un contexto de equilibrio democrático sino de control hegemónico. Y este tema no puede relegarse a un plano secundario, ni subestimarse por el hecho de que se obtengan triunfos específicos.

Dicho esto, salta a la vista la abstención del 40%. De cada 10 electores, 4 no salieron a votar. Cierto que eran elecciones municipales que, por lo general, cuentan con menores niveles de participación. Pero también lo es que voceros calificados de la plataforma opositora intentaron nacionalizar los comicios con la tesis del plebiscito, y sus contrapartes oficialistas se esforzaron en uniformarlas alrededor de la marca nacional de Chávez.

Maduro pasa la prueba de las municipales, en lo que a él más le importa: en su conflicto interno con Cabello. Mantiene una votación que ayudó a insuflar con el “efecto plasma” y las expectativas sobre una calamidad electoral del Psuv no se cumplieron. Además, las resultas en Maturín debilitan a Cabello, o sea que favorecen a Maduro. Y las de Barinas debilitan a Adán Chávez, lo que no necesariamente es cosa mala para el “madurismo”. En todo caso, las estadísticas electorales le dan municiones a la propaganda gubernativa. En especial, cuando ésta es un tributo al acomodamiento interesado de la realidad.

Ahora bien, la terca realidad trae noticias muy preocupantes para Maduro en la perspectiva nacional. Su parcialidad perdió en casi todas las principales ciudades del país, incluyendo las cuatro más pobladas: Gran Caracas, Maracaibo, Valencia y Barquisimeto. Y perdió en el feudo barinés y en el día de la lealtad… Es obvio que los números del oficialismo se hacen cada vez más dependientes del férreo control sobre el proceso electoral. No obstante, el quid de la hegemonía es hacerse independiente de la variable electoral.



La unidad opositora también se encuentra con una situación agridulce. Lo segundo por las contundentes victorias urbanas, lo primero porque el porcentaje nacional desmejora. La percepción generada en el arranque de la campaña sobre un triunfo indiscutible se fue matizando a lo largo de su desarrollo. El oficialismo hizo y deshizo a su antojo, como siempre; y la oposición política fue descentrando el discurso general. Pero vistas las cosas en el contexto en que hay que verlas, o sea en el contexto de control hegemónico, los resultados de la Mud son muy importantes.

Otra cosa es que se tenga la capacidad de contrapesar, efectivamente hablando, el poder de la hegemonía imperante. Y acá se ubica el meollo de la cuestión. Porque reconocer resultados adversos –como se ufanan algunos voceros oficiales—para luego seguir haciendo lo que les da la gana, como si esos resultados no existieran, es despreciar la voluntad popular. Verbigracia, los ministerios y “protectorados” para los perdedores.

A nivel nacional, los resultados del 8-D, por sí mismos, no cambian mucho las cosas o el estatus previo. Y eso es malo. Pero los alcaldes democráticos de tantas y principales ciudades pueden conformar una fuerza de lucha y activismo que impulse cambios de fondo. Y eso tiene que ser bueno. ¿Podrán? ¿Querrán? Esperemos que sí…


Fuente: http://www.noticierodigital.com/2013/12/los-resultados-del-8-d/

jueves, diciembre 12, 2013

"Divididos hasta los tuetanos"("...Maduro que no se engañe. Pronto se le revertirán las políticas estatistas...")


POR:OSCAR ARNAL.


 Los resultados del 8 de diciembre pueden analizarse desde diversos puntos de vista. El primero es observar qué ha pasado en la historia electoral de Venezuela, en comicios regionales o municipales, que se producen cerca de la elección presidencial. La respuesta es una barrida de quien ganó el Ejecutivo y muy poca participación. En las regionales del 2004 por ejemplo la abstención llegó al 68%. Sin embargo, en las elecciones que acaban de transcurrir, el Gobierno no pudo pasar la aplanadora y encontró un liderazgo democrático y un pueblo de pie.

La oposición siguió mostrando sus fuerzas, en muchas de las grandes ciudades, donde están los mayores centros poblados, la ciudadanía más informada y menos dependiente del estado. Son triunfos memorables los obtenidos en la Alcaldía Mayor, Maracaibo, Valencia, Barquisimeto, San Cristóbal, Mérida, Maturín, Porlamar y hasta en Barinas, capital del estado natal de Chávez, en el día de la lealtad decretado. Igualmente, victorias apabullantes como las de Ramón Muchacho en Chacao y Gerardo Blyde en Baruta, quienes obtuvieron 85% y 80% del total electoral. En el Táchira la Unidad conquistó 17 alcaldías y el PSUV no superó la docena.

El Gobierno en votos totales, junto a sus aliados obtuvo el 49,24% de quienes participaron. Mientras que sí a la MUD que obtuvo el 42,72%, se le suman el 8,03% de los grupos electorales no alineados con el régimen, hay una mayoría absoluta del 50,75% de votos contra el PSUV. Si además contamos a los abstencionistas que fueron 41%, el Ejecutivo aparece en franca minoría.

Hay muchas formas de leer los resultados. Quizá el Gobierno se salvó de perder todavía en peores circunstancias, por las medidas demagógicas, de última hora contra comerciantes y empresarios. Pero Maduro que no se engañe. Pronto se le revertirán las políticas estatistas, que ahuyentan las inversiones y acaban con la confianza, que es el factor fundamental de la economía. El paquete chileno es el peor enemigo del régimen. Ante la inflación, la devaluación, la escasez y la inseguridad desbordadas o cambia de rumbo o quien sabe cómo amanece cualquier día Venezuela. El camino por el que va el Gobierno es insostenible. En el primer trimestre del 2014 estaremos frente a la encrucijada.

@OscarArnal

oscar.arnaln@gmail.com

Fuente: http://www.eluniversal.com/opinion/131212/divididos-hasta-los-tuetanos

miércoles, diciembre 11, 2013

"La oposición: ¿de derrota en derrota?"("...el cambio político –el de verdad, no el de fachada o sólo de nombres– cada día está más cerca...")

POR:ANGEL AOROPEZA.

Desde hace varias semanas advertimos que, dadas las particularidades de la consulta electoral del pasado domingo 8, el ganador iba a ser quien lograra vender mejor los datos obtenidos. No sólo porque en política, igual que en la vida, lo perceptual es muchas veces más importante que lo físicamente real, sino porque las características y naturaleza propias de esa elección obligaban a esperar varios tipos de resultados y efectos.

Lo cierto es que, en línea con lo anterior, el gobierno ha iniciado una estrategia mediática y comunicacional de grandes dimensiones para imponer su sesgada y particular interpretación de los resultados, convencer a la gente que la verdad es lo que ellos dicen y no lo que en realidad pasó, y aplicar así una medida de control y atenuación de daños políticos.  Se trata de un  esfuerzo de convencimiento psicológico interesante que, lamentablemente para nuestra oligarquía gobernante, no se corresponde ni con lo que arrojan los fríos números, ni con lo que la temprana –y forzada– celebración de Maduro el domingo en la noche pudiera sugerir.
 
No sólo las ciudades y municipios más importantes del país pasan a manos de la alternativa democrática, sino que la mayor parte de Venezuela, en términos demográficos, será gobernada ahora por alcaldes distintos al gobierno. Pero además, el voto nacional total, agrupado en bloques, ofrece el panorama de un país políticamente polarizado y dividido en porciones de similar tamaño.

Por supuesto que el gobierno no actúa como un analista electoral confiable e imparcial que simplemente va a explicar qué fue lo que pasó. Al contrario, se comporta como el propagandista de una mala mercancía, pero que necesita vender mediante la exageración  de sus virtudes y ocultamiento de sus defectos.  La pregunta central es: ¿por qué lo hace? Porque si reconoce lo que en verdad ocurrió, tendría que renunciar a la pretensión de implantar una hegemonía política, ya que no existe hegemonía ni posible ni viable cuando se tiene a la mitad del país en contra de tal despropósito. 

Pero, además, el reconocimiento objetivo de los resultados del domingo le obligaría, aunque sea más por necesidad de supervivencia que por convicción democrática, a tomar en cuenta a esa mitad del país, a dialogar con sus representantes políticos, a conversar con ellos, y a renunciar al inviable sueño del apabullamiento hegemónico y excluyente.

Por eso, el primer paso para la urgente reconciliación que clama el país, para comenzar a construir espacios de necesaria convivencia entre los venezolanos y disminuir no sólo la pugnacidad política sino los intolerables índices de criminalidad, violencia y delincuencia, consecuencias todas de la polarización, es leer y analizar bien los resultados del domingo. Porque no se trata de un resultado que muestra a un gigante de 3 metros que puede pasarle por encima a un enanito de insignificante estatura. Hay que recordar que ningún diálogo es posible sino entre actores de igual tamaño y significación. Disminuir artificialmente la magnitud e importancia del otro, a través de manipulaciones mediáticas y falsos argumentos,  es el ardid perfecto para huirle al diálogo y a la convivencia.

Entender bien lo que pasó el 8D no es un asunto trivial, ni de ver quién aplica mejor su estrategia de control de daños ni mucho menos un asunto de falsa terapia de consolación. Por el contrario, auscultar con la mayor objetividad lo ocurrido el domingo –sin triunfalismos de ebria irresponsabilidad ni injustificables llantos y lamentos infundados– es de trascendental importancia para garantizar la paz en el país. Venezuela es hoy, más que nunca, como una persona que necesita ambas piernas para caminar. Pretender correr con una sola es imposible: lo más seguro es que termine cayéndose.

¿Está la oposición democrática venezolana de derrota en derrota, como coinciden curiosamente Maduro, los poderosos oligarcas del postchavismo y algunos radicales supuestamente antioficialistas?  Lo cierto es que si la alternativa democrática sigue acumulando "derrotas" tan fructíferas y positivas como la que supuestamente "sufrió" el domingo, no sólo se confirma que la estrategia adoptada de articulación con el pueblo es exitosa, sino que el cambio político –el de verdad, no el de fachada o sólo de nombres–  cada día está más cerca. Es sólo cuestión de perseverancia e inteligencia. Y de no abandonar la estrategia de organización popular. La única que funciona, y la que realmente nos puede conducir al país que queremos.

@angeloropeza182
Fuente: http://www.eluniversal.com/opinion/131211/la-oposicion-de-derrota-en-derrota