jueves, abril 08, 2010

"¿Hacia dónde nos lleva la debacle?" ("... pretexto para declarar un estado de conmoción ...un gobierno de facto y suspender el proceso electoral...")


POR:ANTONIO SÁNCHEZ GARCÍA.

Sabe el Washington Post, que bien podría Hugo Chávez utilizar los graves problemas que le acosan – la inevitable crisis de energía eléctrica, fundamentalmente - como pretexto para declarar un estado de conmoción nacional, avanzar hacia un gobierno de facto y suspender el proceso electoral de Septiembre. Sabe, además, que el recurso a un conflicto limítrofe constituye la última baza de los gobiernos en crisis para desviar la atención de una opinión pública adversa.Reclama duramente el editorialista del Washington Post en su edición de hoy por la manifiesta indiferencia de la administración Obama frente al descalabro manifiesto que vive en estos momentos la Venezuela bolivariana, uno de sus principales proveedores de petróleo y denuncia "la continuada complacencia con la cual la administración Obama considera la debacle política, económica y de derechos humanos en proceso en uno de sus mayores suplidores de petróleo - y hacia donde esto pueda llevar". Hecha explícita con la respuesta del portavoz de la Casa Blanca P.J. Crowley, según el cual “nos tiene sin cuidado” lo que haga o deje de hacer el régimen del teniente coronel Hugo Chávez. No deja de tener razón el editorialista, si se considera el monto de las últimas compras en armamento hecha por Chávez a los rusos: nada más y nada menos que 9.000 millones de dólares. Y se tiene en cuenta los escandalosos hechos denunciados por la Audiencia Nacional española respecto de la supuesta participación del gobierno venezolano en actividades que involucran a las FARC y la ETA en actividades terroristas. Sin contar con las flagrantes violaciones a los derechos humanos que han puesto a Venezuela en el mismo ojo del huracán que sacude a Cuba, su aliado estratégico.Para considerar el significado de tal dispendio en tanques, aviones de combate y otra parafernalia bélica que sólo presagia la voluntad expansionista del régimen y su objetivo de escalar la confrontación con sus vecinos hasta llegar al desiderátum de continuar la política por otros medios, debe tenerse en cuenta que tal suma equivale a la que deberá utilizar el gobierno del presidente Sebastián Piñera en los próximos cuatro años para reconstruir su país, golpeado por uno de los terremotos más devastadores de la historia. Y que mientras Chávez recibe en gloria y majestad al enviado de la industria de guerra de la ex Unión Soviética Vladimir Putin, desde Costa Rica el ex presidente y Premio Nobel de la Paz Oscar Arias se empeña en una campaña no sólo contra el desenfrenado armamentismo en la región, llevada al delirio por nuestro inefable presidente de la república, sino contra la existencia misma de los ejércitos. No sin razón considerados por Arias un lastre en esfuerzos y costos de cuyos beneficios, particularmente democráticos, caben muy serias dudas.
Resulta de vital necesidad para los venezolanos comprender los entrelineados de esta severa y reiterada advertencia del Washington Post, toda vez que ha sido el medio que expresa de la manera más cabal la opinión de la elite intelectual y política de los Estados Unidos, particularmente la de los grupos de presión, tanto demócratas como republicanos, que hacen vida en Washington. Es un llamado de alerta no sólo sobre lo que está aconteciendo en nuestro país, suficientemente grave como para exigirle al gobierno del presidente Obama deje su complacencia y avance hacia medidas concretas que apunten a ponerle atajo a los evidentes desafueros del gobierno del Sr. Chávez – y cuenta con suficientes medios como para hacerlo – sino sobre lo que pudiera ocurrir en un futuro inmediato si los Estados Unidos y todos los gobiernos democráticos de la región y del mundo no terminan por ponerle un freno definitivo a los afanes dictatoriales, totalitarios y expansionistas de la llamada revolución bolivariana. Y cuyos escenarios probables son tan preocupantes como un eventual autogolpe de Estado en nuestro país y/o una escalada bélica con Colombia.La respuesta absolutamente destemplada y contraria a todo buen gobierno dada por Raúl Castro contra las preocupaciones de nuestra región, de los Estados Unidos y de Europa por la situación de los derechos humanos en la isla, así como la reciente presencia en Venezuela del segundo hombre de su gobierno, Ramiro Valdés, permiten entrever el posible comportamiento de Hugo Chávez, absolutamente comprometido con la dictadura cubana, frente al evidente desmoronamiento de su popularidad y la creciente posibilidad de que pierda las elecciones de septiembre, cruciales para su proyecto estratégico de dominio. Sabe el Washington Post, y es lo que deja entrever en su reclamo, que siguiendo las viejas prácticas de las dictaduras en decadencia bien podría Hugo Chávez utilizar los graves problemas que le acosan – la inevitable crisis de energía eléctrica, fundamentalmente - como pretexto para declarar un estado de conmoción nacional, avanzar hacia un gobierno de facto y suspender el proceso electoral de Septiembre. Sabe, además, que el recurso a un conflicto limítrofe constituye la última baza de los gobiernos en crisis para desviar la atención de una opinión pública adversa.
¿Son las alternativas que sugiere la sibilina frase final del texto citado? Parafraseándolo, bien podríamos preguntarnos “¿hacia dónde podría llevarnos esto?”. Es hora de saberlo.

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