jueves, junio 23, 2016

"La barbarie del siglo XXI"("...El final de este régimen está cerca..."



POR:MIGUEL HENRRIQUE OTERO CASTILLO. 
Más temprano que tarde, el régimen que encarna la barbarie del siglo XXI, será desplazado al trastero de la historia. Maduro será recordado como el Barbarazo, el que acabó con todo, hasta lo que le dejó su mentor Hugo Chávez.

No hay un ápice de exageración en esto: Venezuela es un país en proceso de destrucción. Una perversa mezcla de ambiciones, perpetuación en el poder y codicia extrema se han cebado sobre el aparato productivo, destruyendo a su paso empresas y empleos. La única guerra económica que se ha producido en el país es la del régimen en contra de empresarios y personas de trabajo. Han expropiado, ocupado y asaltado empresas y fincas productivas para sumarlas a ese catálogo de ruinas que es el socialismo del siglo XXI, la barbarie del siglo XXI. Lo único que quiere este régimen es velar por sus intereses, no le importa ni el padecimiento de los ciudadanos ni el progreso del país.

Hay que decirlo sin eufemismos: Chávez y Maduro han hecho de las vidas de los venezolanos vidas opacas, maltrechas, despojadas de los más elementales derechos. Vidas, a menudo, miserables. A los venezolanos nos matan como resultado de unas políticas que han alentado la delincuencia. El régimen de Chávez y Maduro es el autor de la figura de los colectivos, en los que se confunden las prácticas políticas con la delincuencia pura y dura, ejercida con asombrosa impunidad.

La magnitud de esta barbarie es de estudio. A la gran Venezuela, la próspera, la que tiene la mayor reserva petrolera, el régimen devastador la desangró, la convirtió en la Venezuela pobre, la paupérrima, la Venezuela del hambre; a los venezolanos los someten y los hacen sufrir un programa de hambre, de humillación y de enfermedad. No es, como se pretende, el producto de una coyuntura causada por la baja de los precios del petróleo. Es un hambre planificada, una promoción de las enfermedades, que tiene su origen en decisiones absurdas y políticas insostenibles, que fueron advertidas por años sin que el régimen corrompido las escuchara. Por lo tanto, esa situación que vive nuestra Venezuela tiene responsable, el verdugo Nicolás Maduro. Que le explique al mundo cómo se mueren niños y adultos por falta de antibióticos en el siglo XXI.

El programa de destrucción del país es casi inenarrable, porque ha tenido lugar a todo lo ancho y largo del país, en todos los ámbitos de lo posible: nada se ha salvado de la carcoma y la incompetencia. Que se profanen las tumbas de dos figuras fundamentales del siglo XX venezolano; que el régimen promueva una emboscada a un grupo de diputados opositores, y que en medio de ello una banda de mercenarios golpee con ventaja a Julio Borges; que ahora mismo se estén muriendo personas porque no hay los medicamentos básicos para los más elementales tratamientos; que los venezolanos seamos obligados a escuchar declaraciones oficiales en las que prevalecen la mentira, el cinismo y los insultos, todas son realidades específicas y emblemáticas de un estado de cosas, de un país destruido por un régimen corrupto, incompetente e inescrupuloso que debe ser denunciado sin cortapisas. Nuestra Venezuela se vistió de rojo, pero no del color del partido del dictador, cada vez son menos lo que quieren ponerse esa franela. El país está rojo porque lo han teñido de sangre la inseguridad y la impunidad de este gobierno cómplice.

En los últimos catorce o quince meses, me he dedicado a llevar conocimiento e información veraz sobre la situación venezolana por varios lugares del mundo. Desde el instante en que para mí fue evidente que la persecución gubernamental me impediría regresar a la actividad cotidiana, decidí que, en lo sucesivo, mi tarea sería la de contribuir a divulgar el sufrimiento de la familia venezolana, a desenmascarar al régimen en cada lugar donde tuviese oportunidad.

Y no ha sido en vano: a medida que los padecimientos cotidianos han empeorado; a medida que la inflación y el desabastecimiento han devastado la economía de todos, mayor ha sido el interés de personas, instituciones y gobiernos amigos de la libertad por saber y entender qué está pasando en Venezuela. En quince meses, no ha habido prácticamente ni un día en el que yo no haya participado en encuentros de distinto carácter, reuniones públicas o privadas, para intercambiar ideas sobre el presente y el futuro de Venezuela. Este activismo por Europa, Estados Unidos y América Latina ha generado reacciones: no solo desde el gobierno, sino también desde otros sectores, se han lanzado ataques en contra de El Nacional o de mi persona, distorsionando los hechos, haciendo afirmaciones sin fundamento. Lo último fue el cobarde ataque perpetrado por los colectivos financiados por el régimen contra la sede el viernes. Pero ello no cambia mi convicción: seguiré con mi tarea, porque amo a mi país, porque sé que el final de la pesadilla está próximo. Sé que es imperativo seguir denunciando cada atropello, cada injusticia, cada desastre. El Nacional y nuestra web con sus valientes periodistas daremos la batalla hasta el final. Tengan presente que los gobiernos pasan y los medios quedan. El final de este régimen está cerca, repito. Más pronto que tarde los venezolanos nos daremos ese gran abrazo colectivo celebrando el rescate del país y la democracia
Fuente: http://www.elmismopais.com/opinion/la-barbarie-del-siglo-xxi/

lunes, junio 06, 2016

"Cuando la Congoja nos alcanza"


POR.EDUARDO SEMTEI
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La definición clásica de la congoja, sentimiento que se presenta de variada forma, incluso bajo un raro estado de ánimo conocido como “guayabo”, es, según el DRAE, una especie de desmayo, una sensación de fatiga, un estremecimiento de angustia o una grave aflicción del ánimo. Los privados de libertad suelen sufrir decaimientos y depresiones, fenómeno bautizado por los presos políticos de los años sesenta del siglo pasado con un nombre asaz gráfico y popular. Los de mi tiempo recuerdan el nombre.

Quiero expresar que tengo pena. Tengo angustia. Tengo congoja. Veo en las madrugadas inmensas colas de venezolanos mendingando por comida y sigo sin creer esa brutal realidad. Leo sobre linchamientos a lo largo y ancho de Venezuela y me cercioro de que nos hundimos en un fango de corrupción, de pérdida de valores. Los Semtei somos 10 personas. 8 de ellos están fuera del país. Y así sucede con miles, centenares de miles de familias, incluyendo aquellas chavistas. La destrucción masiva de los tejidos sociales y familiares no pudo discriminar entre gustos y colores. La existencia de unos siniestros personajes llamados “pranes” revela la podredumbre del gobierno y la perversión del Estado. Los colectivos agregan nuevos datos de la pesadilla en que se convirtió Venezuela.

La avalancha del desastre nos arrastró a todos. Los antihéroes tomaron por un tiempo la palabra. Son los oradores del gobierno. Los arquetipos del vicio. Oigo de cerca a un coronalote saludando a un generalote y repite, sin vergüenza, maniáticamente, sin sentido ni propósito, imbecilizado a más no poder, “Chávez vive” y al generalote contestando, “la patria sigue”. Los comparo con los saludos marciales de los ejércitos del mundo, y la congoja se anida más honda en mi pecho.

Recuerdo que en mis inicios de profesor universitario siempre acaricié la idea de jubilarme en un sitio cerca del mar. Los sueldos y la tradición así lo permitían. Ahora gano como docente jubilado un poco más que el sueldo mínimo. Unos 40 dólares mensuales al tipo de cambio libre y unos 75 al tipo de cambio Dicom. Los salarios de los profesores universitarios, los militares y los jueces se mantuvieron competitivos en relación con la sociedad y entre ellos mucho más. Incluso en el marco mundial éramos bien remunerados. Instructor, agregado, asistente, asociado, titular. Teniente, capitán, mayor, teniente coronel, coronel, general. Juez de parroquia, de municipio, de primera instancia, superior, magistrado. Qué orgullo era ser profesor. Qué orgullo era ser militar. Qué orgullo era ser juez. Ahora no lo es tanto. Imágenes positivas  de la sociedad. Ejemplos. Guías.

Salvo quienes delinquen o prevarican, todos estamos arruinados, pasando penas, pasando trabajo, haciendo colas. Añorando. Maldiciendo. Si el derrumbe del sueño de una jubilación decente no parece tener remedio en el horizonte, la recuperación de la moral luce un reto aún más temerario, quimérico. ¿En qué momento se jodió Venezuela?

La crisis eléctrica es un espanto. Un crimen sin responsables. No hay ni una nueva represa. Pérdidas millonarias en compras irresponsables. Los capitostes de esta enfermedad son todos embajadores. Crisis de agua. El afamado grupo de especialistas chavistas en materia hidráulica resultaron todos unos fracasados absolutos. Tuvo razón De Viana. Sus sucesores eran un fraude. Un engaño. Puros piratas.

El sistema judicial, un cáncer en varias etapas. La policía que prepara el expediente a la carta. El fiscal que arma la imputación al gusto. El tribunal que dicta sentencia al por menor. Nuestra Contraloría General de la República tiene tiempo que no se oye para nada, excepto para salir a apoyar violaciones y retorcimientos de la carta magna. Después de 17 años de maldades administrativas no hay ni un solo alto funcionario juzgado o condenado. Unos cuantos opositores inhabilitados.

Sigue aumentando mi congoja. Se hace dolorosa. Paso revista a la situación médica. Crisis humanitaria. Crisis hospitalaria. Crisis médica. Muertos de mengua. En la tierra del petróleo no hay medicinas. No hay producción de vehículos. No hay vuelos internacionales. Mi patria y mi guitarra las llevo en mí, una es firme y es fiel, la otra un papel. Convirtieron en realidad la maldición de Joan Manuel Serrat. La patria es un papel que se usa para paliar la escasez de otro papel.

Los chulos del mundo encabezados por los Castro desangraron a Venezuela bajo la mirada y la actitud complaciente de nuestros gobernantes. Le entregamos los puertos, los aeropuertos, las viviendas, el sistema de salud, el sistema de deportes, la seguridad en consulados y embajadas, la construcción de viviendas, la inteligencia y contrainteligencia civil y militar, notarías y registros, el sistema de identificación y extranjería. Una sociedad, un contubernio, de putas, chulos y cabrones.

Ningún proyecto importante en 17 años. Pdvsa rodando en su bajada. Destruyeron las células básicas de la investigación científica y la cultura nacional. El IVIC muerto. El Conicit muerto. El Intevep muerto. El Conac muerto. Las universidades arruinadas y cercadas. ¡Cuánto horror! Los premios nacionales de periodismo son un tribuno al lameculismo exagerado. Por un lado golpean periodistas, asaltan camarógrafos y fotógrafos y por el otro enjabonan pinches cachorros del llamado sistema público de información.

Somos en economía en inflación, en recesión, en devaluación de la tasa de cambio, en escasez, los parias de la tierra. Somos una tierra desolada que vive a duras penas de las gotas del oro negro. ¿Cómo no voy a estar afligido?

La Fiscalía y la Defensoría del Pueblo. Escándalo tras escándalo. Indescriptible. ¿Será posible el sueño que de una sociedad podrida nazca una nueva sociedad? ¿Hay esperanza? ¿Qué hace falta?

Sabemos que esta larga noche no es eterna. Es prolongada y dolorosa pero no es para siempre. Un tsunami pasará y se llevará en su corriente lo que se deba llevar y ojalá sea hasta el fin de los tiempos. Con la furia del castigo y la fuerza de la razón. Sin venganzas y sin odios. Sin rencores ni cobranzas. Justo la ley. Ciega la ley. Dura la ley. Inexorable. Cuando el destino los alcance espero estar en primera fila.

jueves, mayo 26, 2016

"Fin del régimen"

Luis Ugalde SJ:


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El régimen no es nadie y es todo. No es el Presidente, ni el Ejecutivo. Tampoco “El Proceso”, pues éste era vivido como un caminar abierto hacia horizontes de elevación. El régimen hoy es el punto de cristalización y de llegada, cerrado como estación terminal, que mantiene secuestrada a toda la sociedad. Aferrado al poder, y dedicado de lleno a defenderse y perpetuarse contra la inmensa frustración y desesperación de la población. Al comienzo para muchos “El Proceso” era emoción y esperanza de una Venezuela bella y deseable que concretaron en estos dos artículos centrales de la Constitución:
Art. 2 “Venezuela se constituye en un estado democrático y social de Derecho y de Justicia, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico y de su actuación la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad social y, en general, la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político”.
Art.3 “El Estado tiene como fines esenciales la defensa y el desarrollo de la persona y el respeto a su dignidad, el ejercicio democrático de la voluntad popular, la construcción de una sociedad justa y amante de la paz, la promoción de la prosperidad y bienestar del pueblo y la garantía del cumplimiento de los principios, derechos y deberes reconocidos y consagrados en esta constitución. La educación y el trabajo son los procesos fundamentales para alcanzar dichos fines”.
Parece imposible que un demócrata no esté de acuerdo con este ideal constitucional que marca un exigente camino de dignidad y liberación. Pero ante la catastrófica realidad actual -después de una dominación hegemónica de 17 años y un millón de millones de $ malgastados- surge un clamor de indignación contra la miseria, la inseguridad y la burla a la Constitución. Nadie en su sano juicio puede pensar que este Régimen va avanzando hacia ese ideal; por el contrario, su obsesión es defender el poder, corrupto e ineficiente, aferrándose a las armas y a la represión porque ya le faltan razones y apoyo popular. Por eso se ha militarizado y se ha convertido en una dictadura, en clara contradicción con la Constitución.
Más difícil es ponerse de acuerdo sobre el modo de salir de esta catástrofe y mucho más el acuerdo y la combinación de fuerzas sociales diversas para retomar el camino hacia el horizonte de democracia y de dignidad compartida y reconstruir.
Cuando un presidente se pone en contradicción con los fines esenciales del bien común nacional, la Constitución prevé modos de evitar mayores desastres y salir de él antes de que concluya el período presidencial. Para eso está, por ejemplo, el referéndum revocatorio, con el que la sociedad puede cambiar a quien se ha convertido en gestor del mal común. Pero la dictadura lo quiere bloquear.
Desde luego más sensato que esta vía un tanto larga, engorrosa y sembrada de trampas, sería un momento de lucidez presidencial que, acordándose de su condición de servidor y delegado de la voluntad de la mayoría nacional, lo llevara a la renuncia. El artículo 350 establece estas emergencias y nos obliga a todos a una responsabilidad ciudadana mayor: “El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos” (art. 350).
Ante la formidable emergencia nacional y el brutal deterioro de las condiciones básicas de vida y de democracia, no basta con la salida del Presidente ni con un cambio de gobierno, es imprescindible un cambio de régimen y un nuevo gobierno de salvación nacional que incluya a sectores diferentes, unidos en la suprema tarea de encauzar y de reconstruir el país. Por eso la realidad pide a gritos el cambio de Régimen para volver a la Constitución y recuperar la esperanza de vida y dignidad para todos. Muy oportuna la reciente advertencia de la Conferencia Episcopal: “¡Queremos alertar al pueblo! Que no se deje manipular por quienes le ofrezcan un cambio de situación por medio de la violencia social. Pero tampoco por quiénes le exhortan a la resignación ni por quienes le obligan con amenazas al silencio. ¡No nos dejemos vencer por las tentaciones! No caigamos en el miedo paralizante y la desesperanza, como si nuestro presente no tuviera futuro. La violencia, la resignación y la desesperanza son graves peligros de la democracia. Nunca debemos ser ciudadanos pasivos y conformistas”.

lunes, mayo 23, 2016

"Conmoción"("...después de hundidos, también tendrán su Núremberg…")

POR:RAMÓN PEÑA.

“Estamos abocados a una catástrofe moral de proporciones
gigantescas, en la que solo quedan en pie las virtudes cínicas”. (Antonio Machado, Juan de Mairena)
La amenaza de decretar en el país un “estado de conmoción”, deambula entre chiste malo, ignorancia y cinismo del Golem gobernante. Desde cualquier ángulo, el hipotético decreto haría oficial lo que de facto ha logrado el régimen: un país que está, no solo conmocionado, sino desesperado y en estado de disolución. Maduro está a punto de materializar aquella terrible profecía de Uslar Pietri en sus últimos días, cuando vaticinó que si caía el precio del petróleo, a Venezuela vendría la Cruz Roja a repartir sopa en las esquinas. Nos estamos acercando. Ya en Guarenas, en Barcelona, en prácticamente todas las ciudades de nuestra geografía se escucha el grito estentóreo de “!Queremos comida!”. Al país lo galopan los jinetes del apocalipsis de la revolución socialista: estancamiento, inflación, escasez y crimen. En mercados y hospitales el drama es compasivo. Ya son comunes los asaltos por bolsas de alimentos. La degradación de la economía es patética: el billete venezolano de mayor denominación apenas alcanza para pagar un huevo.

La indolente respuesta de la camarilla milico-madurista ante la crisis de talla humanitaria es acallar y reprimir las protestas. Sus oídos son sordos a la solicitud de diálogo de entes nacionales y extranjeros y de internacionales. Las vías legislativas propuestas por la Asamblea Nacional son saboteadas por los malandros togados. Torpe y carente de racionalidad política, la pandilla gobernante se aferra enfermizamente al poder, hace eco de la siniestra frase de Adolfo Hitler “Podemos hundirnos, pero nos llevaremos un mundo con nosotros”. Para no perder el hilo del símil histórico, recordémosle que, después de hundidos, también tendrán su Núremberg…

Fuente:http://www.noticierodigital.com/2016/05/conmocion/

viernes, mayo 20, 2016

" VENEZUELA, ¿EL COMIENZO DE LA LUCHA FINAL?"


POR:FERNANDO MIRES.
 
Para quienes tienden a pensar de modo mecánico, las definiciones duras son la clave del hacer político. Para ellos la práctica política está semánticamente condicionada, incluso determinada por una definición inapelable. En un mundo de definiciones provisorias –como son las de la política (y las de la vida)- se sienten muy incómodos. Me atrevería a afirmar incluso que mientras menos flexibles son las definiciones, mayor es la vocación autoritaria de quienes las sustentan.
Sabemos por ejemplo que si un dictador o gobernante autoritario define a sus enemigos como a ratas (Hitler), gusanos (Castro), maleza (Pinochet), sus palabras son órdenes de exterminio. En la lucha democrática, en cambio, las palabras compiten entre sí. Las construcciones hegemónicas son gramaticales, sintácticas y por lo mismo, discursivas. Se acaba la discusión y el discurso es transformado en simple ideología. En consecuencias, para que el discurso conserve su carácter democrático las cosas no deben ser nunca definidas para siempre. De la indefinición y no de la definición depende la continuidad del debate político. Y del debate político depende la vida democrática.
Valgan estas palabras para intentar entender una discusión que ha marcado a casi toda la historia de la oposición venezolana, la de la definición del gobierno, dicen unos, del régimen dicen otros. Términos que tampoco son sinónimos. Régimen alude a una forma de estado, gobierno al ejercicio del poder estatal.
En el caso del fenómeno chavista lo uno ha tendido a confundirse con lo otro. Pero también es cierto que lo uno depende de lo otro. Esa es la razón por la cual los cinco o seis que rodean a Maduro intentan oponerse con todos sus medios a que el revocatorio convocado por el conjunto de la oposición tenga lugar el año 2016. Pues si tiene lugar en el 2016, con el fin del gobierno de Maduro se acabaría el régimen. Si tiene lugar después del 2016, se iría Maduro pero el régimen continúa.
Como es obvio, para la estructura de poder chavista se trata de salvar al régimen aunque sea al precio de deshacerse de Maduro. El problema es que para postergar al revocatorio el régimen debe violar la esencia misma de la constitución (originariamente chavista) y con ello aparecer como lo que ha intentado no parecer: una abierta dictadura. En el hecho, es lo que está ocurriendo.
El gobierno de Maduro, al defender anti- constitucionalmente al régimen sobre el cual se sustenta, se ha transformado, sobre todo después del anuncio del estado de excepción (14-M), en una abierta dictadura militar. Si se escuchan las palabras de Cabello, Rodríguez o Maduro, es posible observar, además, que han perdido hasta el respeto por las formas. Hecho importante. Pues es muy distinto definir a un gobierno como a una dictadura a que este se defina a sí mismo como tal. No otra cosa es el decreto del estado de excepción. O así: el gobierno ya no solo “es” una dictadura, además, “aparece” como dictadura.
La discusión entre el ser y su apariencia no es en este caso ontológica. Pues en política operamos sobre el terreno de las apariencias y no sobre el de las esencias. Para esto último están los filósofos. Eso quiere decir que el gobierno cada vez se parece más a una dictadura de hecho. ¿Qué significa esto? Algo muy simple. Hasta antes de la declaración del estado de excepción, el de Maduro, de acuerdo al legado del difunto, era un gobierno civil-militar. Durante Maduro se convirtió en un gobierno militar-civil. Hoy, después del decreto de estado de excepción es un simple gobierno militar. Y todo gobierno militar es, guste o no, una dictadura. Así como no hay golpes civiles, no hay dictaduras no militares.
¿Significa entonces que el gobierno de Maduro es un gobierno más fuerte que antes? Depende de lo que entendamos por fuerza. Si la entendemos como simple fuerza bruta, es evidentemente más fuerte. Si la entendemos como fuerza política, es un gobierno muy débil. Y lo es, pues el estado de excepción significa la suspensión del derecho público y su entrega al estamento militar.
En otros términos, y dicho en contra de la idea que popularizó Carl Schmitt, al renunciar a la potestad política en aras de la militar, el gobierno pierde y no gana soberanía política.
“Soberano es quien decide sobre el estado de excepción” fue el veredicto del inteligente jurista alemán. Probablemente pensó Schmitt en una soberanía ejercida frente a una situación de calamidad pública, frente a un peligro de guerra o frente a una revolución. Ninguno de los tres es, sin embargo, el que llevó a Maduro a suspender (explícitamente) las garantías constitucionales. Las suspendió en cambio contra una oposición civilmente organizada que defiende un derecho constitucional. Como escribió en un twitter Nicmer Evans, apologista de la pureza virginal del chavismo originario, “Chávez (a diferencias de Maduro) con un golpe de estado concreto, guarimbas, paro petrolero, etc., nunca decretó un Estado de excepción”.
Lo que no agregó Evans es que Chávez no tenía ninguna necesidad de hacerlo. La razón es que Chávez ejercía una dominación hegemónica y desde el punto de vista de su constitución, legítima. En cambio –y este es un punto fundamental- la dictadura de Maduro ya no es hegemónica. Con ello se está afirmando que no basta definir a un gobierno como una dictadura sin precisar a que tipo de dictadura nos estamos refiriendo.
Hay en efecto dictaduras hegemónicas y otras que no lo son.¿Qué es una dictadura hegemónica? La respuesta deberá rozar inevitablemente algunos supuestos teóricos gramscianos y otros arendtianos.
Bajo el concepto dictadura hegemónica entendemos una cuya dominación no se ejerce solo mediante el uso de la fuerza bruta sino mediante una centralidad constituida por un discurso o un conjunto de ideas o un programa social o una ideología o simplemente por una figura totémica (carisma) como fue el caso de Chávez. Ahora, en ninguno de esos puntos el gobierno de Maduro ejerce hegemonía. Todo lo contrario. Los ha ido perdiendo uno por uno. Más todavía, ha perdido el basamento sobre el cual era ejercida la hegemonía chavista: la mayoría electoral. La pérdida de esa mayoría ha inhabilitado, a la vez, el carácter populista del chavismo. Si el gobierno de Maduro es todavía populista, se trataría de un populismo sin pueblo.
La representación mayoritaria del pueblo reside después del 6-D en la Asamblea Nacional, no en el Ejecutivo.
La mayoría electoral –en ese tema sigo a Arendt– es condición ineludible para el ejercicio de la hegemonía democrática. Si bien no toda mayoría es hegemónica, no puede haber hegemonía sin mayoría. Una hegemonía minoritaria sería de por sí un contrasentido.
Y bien, si a la perdida de hegemonía política agregamos el aislamiento continental que comienza a sufrir la dictadura de Maduro, la situación no puede ser más catastrófica. Sin el apoyo de los gobiernos de Argentina y Brasil, a Maduro solo le queda el del cada vez más distanciado Correa, el de un perdedor plebiscitario como Evo Morales, el de la familia Ortega (que menos que apoyo es desprestigio) y el del comunismo-Chanel de los Castro.
En términos directos: las condiciones objetivas para un cambio de gobierno (y de régimen) ya están dadas. Las subjetivas –dada la repulsa creciente que provoca el gobierno- también. Ese mensaje ha sido entendido perfectamente por la oposición democrática. Todas las señales indican que ha llegado el comienzo de la lucha final. La alternativa del revocatorio –electoral, constitucional, democrática y pacífica- ha aparecido en el momento más preciso.
El revocatorio, por su propia naturaleza, opera como un catalizador del descontento popular. Eso significa que el revocatorio no solo es un objetivo sino también un medio de lucha. Un eje. En torno a ese eje son y serán articuladas múltiples demandas sociales y políticas.
El centro de la lucha ya ha sido ocupado por el símbolo revocatorio. El revocatorio está en el centro y es el centro de la política y la salida, como sucede siempre, será por el centro. Nunca por los extremos. El revocatorio es el líder.
El centro, ese centro que ocupa el centro de las ciudades venezolanas, ha llevado a la oposición a arrebatar las calles al chavismo. Las futuras manifestaciones serán multitudinarias; otras veces no tanto. No importa. Más decisivo que las cantidades será la persistencia, la constancia, y como la experiencia enseña, la unidad.
La suerte está echada. A un lado, la política de las armas. Al otro, las armas de la política.
 
 Fuente:http://polisfmires.blogspot.com/2016/05/fernando-mires-venezuela-el-comienzo-de.html

miércoles, mayo 18, 2016

Almagro a Maduro: "Negar la consulta al pueblo te transforma en un dictadorzuelo más"



Washington, 18 may (EFE).- El secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, acusó hoy al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, de traicionar a su pueblo y a su ideología en un duro mensaje público, y afirmó que si impide el referendo revocatorio será "un dictadorzuelo más".

"Que nadie cometa el desatino de dar un golpe de Estado en tu contra, pero que tú tampoco lo des. Es tu deber. Tú tienes un imperativo de decencia pública de hacer el referéndum revocatorio en este 2016, porque cuando la política esta polarizada la decisión debe volver al pueblo, eso es lo que tu Constitución dice", sostiene Almagro en su declaración, publicada hoy en la página web de la OEA.

"Negar la consulta al pueblo, negarle la posibilidad de decidir, te transforma en un dictadorzuelo más, como los tantos que ha tenido el continente", agrega Almagro, después de que este martes Maduro lO acusara de ser un "agente de la CIA" estadounidense y ante la campaña de la oposición venezolana para convocar este año un referendo revocatorio en su contra. EFE

Mensaje del Secretario General de la OEA al Presidente de Venezuela

18 de mayo de 2016
No soy agente de la CIA. Y tu mentira, aunque repetida mil veces, nunca será verdad. De todas formas conviene aclararlo, aunque esto sea denegar el absurdo. Mi conciencia está limpia, Presidente, y mi conducta mucho más. No hay ninguna amenaza que me puedas hacer que ni remotamente roce a ninguna de las dos.
No soy traidor. No soy traidor ni de ideas, ni de principios, y esto implica que no lo soy de mi gente, los que se sienten representados por los principios de libertad, honestidad, decencia, probidad publica (sí, de los que suben y bajan pobres del poder), democracia y derechos humanos. Pero tú sí lo eres, Presidente, traicionas a tu pueblo y a tu supuesta ideología con tus diatribas sin contenido, eres traidor de la ética de la política con tus mentiras y traicionas el principio más sagrado de la política, que es someterte al escrutinio de tu pueblo.
Debes devolver la riqueza de quienes han gobernado contigo a tu país, porque la misma pertenece al pueblo, debes devolver justicia a tu pueblo en toda la dimensión de la palabra (incluso encontrar a los verdaderos asesinos de los 43 y no los que tienes presos por sus ideas, aunque no sean ni las tuyas ni las mías). Debes devolver los presos políticos a sus familias.
Debes devolverle a la Asamblea Nacional su legítimo poder, porque el mismo emana del pueblo, debes devolver al pueblo la decisión sobre su futuro. Nunca podrás devolver la vida a los niños muertos en los hospitales por no tener medicinas, nunca podrás desanudar de tu pueblo tanto sufrimiento, tanta intimidación, tanta miseria, tanto desasosiego y angustia.
Que nadie cometa el desatino de dar un golpe de Estado en tu contra, pero que tú tampoco lo des. Es tu deber. Tú tienes un imperativo de decencia pública de hacer el referéndum revocatorio en este 2016, porque cuando la política esta polarizada la decisión debe volver al pueblo, eso es lo que tu Constitución dice. Negar la consulta al pueblo, negarle la posibilidad de decidir, te transforma en un dictadorzuelo más, como los tantos que ha tenido el continente.
Sé que te molesta la OEA y mi trabajo porque entre los Ceibos estorba un Quebracho. Lamento informarte que ni me inclino ni me intimido.


Fuente:http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?f=1&t=29565