jueves, abril 23, 2015

"El espejismo de la arrechera del pueblo"




 "...Arruinar a Venezuela es una parte integral de la estrategia de control social del chavismo..."

"...un liderazgo político creíble, lo que puede presentarle un reto realista al autoritarismo chavista..."

 

POR:VLADIMIRO MUJICA.

Es frecuente encontrarse en círculos de venezolanos, especialmente entre los que viven en el extranjero, en el medio de una discusión repetitiva y frustrante sobre la evolución del drama de nuestro país. Según el argumento que se repite interminablemente, es la rabia de la gente, el pueblo arrecho reclamando sus derechos, para ponerlo es términos de eslogan de marcha callejera, lo que terminará por desalojar a la oligarquía chavista del poder.

El mismo discurso se presenta en múltiples versiones: “las cosas en Venezuela están insoportables”, “la gente no aguanta más”, “esto estallará en cualquier momento porque la gente está harta”, etc, etc. De seguidas se enumeran todas los padecimientos que han ido tornando en cada más intolerable la existencia en nuestro país, todo ello para concluir en que el gobierno no se da cuenta del inmenso daño que hace. A veces, no siempre, el discurso termina por preguntarse sobre si ya no quedan militares honestos que acompañen al pueblo en sus padecimientos.

Creer que el gobierno no se da cuenta de que sus acciones traen miseria al país es un acto de suprema ingenuidad. Arruinar a Venezuela es una parte integral de la estrategia de control social del chavismo. Un afirmación que es difícil de tragar y que probablemente debe ser matizada con incluir la consideración de que parte del desastre del desgobierno se debe al caos y la incompetencia.

En otra dirección, pensar de la rabia popular como generadora de una salida a la tragedia venezolana es un peligroso espejismo, sobre todo porque se desperdician las energías físicas y espirituales de la gente que se opone al disparatado régimen chavista. Si algo ha probado la historia reciente del mundo es que la caída de los regímenes totalitarios y autoritarios solamente se produce cuando se conjuga el descontento popular con la dirección y el liderazgo que son capaces de orientarlo y llevarlo de su condición primitiva de arrechera a la mucho más sofisticada de movimiento político. Ejemplos de ellos son la caída de Milosevic en Serbia, del gobierno comunista en Polonia, del apartheid en Sudáfrica y del régimen colonialista en la India. Por otro lado, la misma historia enseña de manera inequívoca que cuando se producen alzamientos y levantamientos populares caóticos, sin dirección política, el resultado puede ser aún más nefasto que la condición inicial que originó el descontento porque a los desastres del desgobierno termina por añadirse la pérdida en vidas humanas.
 
La transmutación del descontento popular en acción política eficaz es un problema increíblemente complejo. Sobre todo cuando para hacerlo hay que actuar bajo severas restricciones y amenazas a la libertad y la seguridad individuales, en condiciones de secuestro de las instituciones públicas, especialmente los tribunales, y de imposición de una hegemonía total en los medios de comunicación; todas éstas características muy evidentes del caso venezolano. A todas estas dificultades hay que añadirle la miopía de un sector de la dirigencia opositora que actúa como si lo que estuviera en juego fuera el liderazgo de la oposición y no una batalla épica contra el autoritarismo y en defensa de la democracia y la libertad contra un adversario que viola reiteradamente la constitución y que no vacila en recurrir a la violencia y la represión.

Desafortunadamente parece que no terminamos de aprender que hay muy pocas alternativas a la construcción seria y disciplinada de alternativas políticas. Así como mucha gente votó por Chávez en las elecciones que lo llevaron a la presidencia con el argumento de que “no se podía estar peor”, esa misma gente, profundamente arrepentida de su decisión de hace 15 años, hoy comete el mismo error de percepción al poner sus esperanzas en una especie de milagrosa rabia popular, como antes la puso en el vendedor de ilusiones que era el comandante. La verdad del asunto sobre la tormenta perfecta del descontento que supuestamente se está gestando en Venezuela es mucho más sobria. La gente se adapta de modos sinuosos y discretos a la penuria y le teme más a la violencia y el caos que a las colas y las privaciones. Eso lo sabe la oligarquía chavista como antes lo supo la oligarquía castrista en Cuba. La receta es la misma: transformar la existencia en supervivencia para doblegar y castrar la voluntad de protesta. Las respuestas de la gente para sobrevivir son muchas: el bachaqueo, el rebusque o el jineteo. Los resultados finales son similares a pesar de que las condiciones específicas son muy distintas. Todo ello sin olvidar que hay una parte nada despreciable del pueblo que no ve ninguna necesidad para cambiar porque se sienten empoderados por el caos y la anarquía que el chavismo ha instalado en el país.
 
A pesar de todas las críticas necesarias e importantes que se puedan hacer al liderazgo opositor no hay reemplazo a la tarea de construcción de una alternativa política, y su materialización en logros electorales, que adelantan tanto la MUD como los restantes factores que convergen en la oposición democrática. Ese esfuerzo se debe nutrir del descontento popular, pero la arrechera de la gente por si sola no conduce a ninguna parte. Excepto probablemente a un estallido caótico de consecuencias impredecibles. Es la simbiosis entre la frustración y la rabia de quienes ven su presente cada vez más miserable y su futuro cada vez más incierto, y un liderazgo político creíble, lo que puede presentarle un reto realista al autoritarismo chavista. En esa dirección, con todos sus altibajos, es imperativo continuar trabajando.

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domingo, abril 19, 2015

"La herencia maldita"("...hablar de un Gobierno de Maduro es hablar de una herencia envenenada...")



POR:THAYS PEÑALVER.

En pocos años, Venezuela recibió el equivalente al PIB español en divisas pero en vez de invertir y ahorrar, las dilapidó salvajemente. A la muerte de Chávez, todo se regalaba en Venezuela, porque cada año había una «fiesta electoral» y lo que más se daba era nada menos que dólares y euros. Se subvencionaban hasta los coches de lujo, que pronto comenzaron a circular masivamente en las desvencijadas calles y así, el parque móvil se duplicó en pocos años y con éstos, las necesidades de repuestos. Era el chavismo saudita: los viajeros, que apenas alcanzaban los 400.000 en 1998, llegaron a los 2,4 millones que viajaban gratis gracias al mercado negro.

Detrás de semejante irresponsabilidad -escondidos tras los balancines de petróleo-, estaban los pobres, quienes estadísticamente habían dejado de serlo porque el transitorio precio del barril los había llevado a ser insosteniblemente de clase media; y la ingenuidad mundial felicitó a Chávez por sus logros contra la pobreza. La importación de alimentos pasó del 35% de los gramos que consumía cada venezolano a 67% y entonces la FAO felicitó a Chávez por su lucha contra el hambre. Entretanto, la nómina burocrática del gobierno pasó de uno a tres millones de empleados y de nuevo el mundo vio con buenos ojos los logros en pro del empleo, mientras éste, se exhibía con supermodelos en las alfombras rojas del festival de Cannes.
Por eso, hablar de un Gobierno de Maduro es hablar de una herencia envenenada. Nos recuerda esas herencias que es mejor no aceptar o en todo caso hacerlo a «beneficio de inventario». Maduro heredó una economía improductiva, una deuda impagable y, por si fuera poco, al chavismo, que lo odia casi con el mismo encono que la oposición. Pero no hay que descuidar las irresponsabilidades propias. En un país que en dos años tuvo crecimiento cero y con una inflación anual del 56%, Maduro optó por incrementar el dinero inorgánico para satisfacer aumentos salariales al mejor estilo de Zimbabue. «Si tenemos inflación del 56% [...] aumentaremos el 59% [...] por encima de la inflación criminal», gritaba Maduro. La liquidez pasó de 25.000 bolívares por habitante a 38.000 en meses y, en medio de semejante locura, el barril de petróleo, que cotizaba a 107 dólares, bajó a 40.

A partir de allí, con un crecimiento de -9,4% en los siguientes dos años (2014-15) Venezuela lo está restringiendo todo y de 865 gramos importados de comida, sólo llegaron 500 a los anaqueles en 2014. Pero Maduro continuó con el frenesí de imprimir dinero a tal nivel que lo volvió a duplicar. Lógicamente el abc de la economía sugiere que si usted sólo produce un pollo y duplica los billetes en la calle o el pollo desaparece por la escasez o cuesta el doble. Pero Maduro aumentó de 25.000 bolívares por cada venezolano, a nada menos que 70.000 y, para colmo de males, sólo hay tres cuartos del pollo regulado. De esta forma, aparecieron la escasez, las gigantescas colas y la distorsión es tal, que en los supermercados es usual ver que se solicitan decenas de trabajadores, porque éstos renunciaron para hacer las colas generadas por el monumental mercado negro.

Ahora bien, el mayor drama de todos fue la pobreza que, oculta bajo los petrodólares, volvió a aparecer con la misma fuerza que 1998. A la muerte de Chávez, Venezuela necesitaba con urgencia a un Den Xiaoping y, ante el fin de la fiesta de las materias primas, aún con mas urgencia a un Hu Jintao. Pero la formación de marxista decimonónico y la obsesión de Maduro por culminar el proyecto de Allende o Castro en pleno siglo XXI, está llevando al país a una bancarrota nunca antes vista. Venezuela, que se había sostenido por la inmensa popularidad de Chávez junto una petrochequera prácticamente ilimitada, está gobernada hoy por un personaje sumamente impopular y sin recursos, de allí que la continuidad del proceso dependa únicamente de la violencia, que no es otra cosa que la herencia maldita de todas las revoluciones socialistas en el tercer mundo y en especial, la de Hugo Chávez.

Thays Peñalver es columnista del diario 'El Nacional'

Fuente:http://www.elmundo.es/internacional/2015/04/19/553282c0ca4741cd788b457f.html?cid=SMBOSO25301&s_kw=twitter

"Panamá y la muerte del “Socialismo del Siglo XXI”


POR:MANUEL MALAVER.

Aunque el “Socialismo del Siglo XXI” fue una etiqueta exclusivamente asumida por Chávez y sus países clientes más cercanos como Cuba, Nicaragua, Ecuador y Bolivia, hay que admitir que otros socios también la compartieron, si bien no de manera tan manifiesta y entusiasta, sí como engañifa para participar en el festín de los petrodólares venezolanos, y hablamos de Brasil, Argentina y Uruguay.

Se desconoce el origen de las palabrejas que quisieron lucir como el “marxismo eterno” (nunca muerto, siempre renovado), pero en los tiempos de su mayor gloria, cuando el ciclo alcista de los precios del crudo los situó a más de 100 dólares el barril y Chávez regía como el “Rey del Petróleo”, hubo un “filósofo” chileno que se lo atribuyó y, a partir de allí, argentinos, brasileños, mexicanos, españoles, franceses, y hasta un húngaro, compitieron porque se les reconocieran los derechos de autor.

Ignacio Ramonet, Gianni Vátimo, Ernesto Laclau, Marta Harneker, István Mészáros y Antonio Negri creo que anduvieron por ahí, alegando su creencia inquebrantable en una resurrección del difunto del Muro de Berlín y del colapso del Imperio Soviético, como prueba de que, por lo menos por el lado de la fe, no habían dejado de esperar el regreso de los viejos dioses.

Hay que rendirse a los hechos, sin embargo, y aceptar de una vez que fue el sociólogo mexicano de origen alemán, Heinz Dieterich y el propio teniente coronel, Hugo Chávez, quienes pusieron las piedras y el edificio para el auge de la marca, trazarle un target y un marketing y jugárselas porque un mercado ideológico escéptico después del naufragio del Titanic revolucionario, la comprara e hiciera “suya”.

En la Introducción a una suerte de “Manifiesto” de la nueva Era, escuela o corriente, “Hugo Chávez y el Socialismo del Siglo XXI” (Editorial Instituto de Publicaciones de la Alcaldía de Caracas. Caracas. 2005) Dieterich cuenta que empezó a interesarse en el tema en 1996 a raíz del colapso de la Unión Soviética y el socialismo, y en cuanto a Chávez, más de una vez confesó que “su” socialismo no sería el soviético, el chino y ni siquiera el cubano, sino uno cuya receta no sabía y ya tenía cincelada “otro alemán”.

Como la publicación siguió a una declaración solemne de Chávez en el “V Foro Mundial de Sao Paulo” del 30 de enero del 2005, en el sentido de que se dejaba de atajos, de que no le daba más largas al asunto y asumía el socialismo marxista, hay que presumir que los dos profetas, el armado y el desarmado, el discípulo y el maestro, la espada y la pluma venían trabajando a due mani desde hacía tiempo en el Evangelio de la neo revolución.

¿Pero qué dice o cuenta el “Manifiesto”, cuáles sus propuestas, descubrimientos y novedades y en qué se fundamenta para establecer que venía otra epifanía, otro Armagedón y otra Jerusalén?

En realidad -y para decirlo en breve- se trata de un engrudo, que recoge materiales de otros engrudos, de parches que ya habían escrito Mészáros, Hardt, Negri, Laclau, Deleuze (y, en general, los postmodernistas), y procede a criticar el “Viejo Testamento” marxista, a promover su restauración y afincarse en una suerte de democracia social, que, desde luego, deja todas las escapatorias posibles a quienes quieran usar el “paraíso perdido”, para construir otro “recobrado”.

La equivocación de los teóricos, sin embargo –y como siempre sucede- no estaba en la teoría, sino en la práctica, que no les permitió ver que Chávez no era otra cosa que un dictador latinoamericano de la vieja escuela, un militar con una fe ciega en la combinación de los cuarteles y la calle, de las charreteras y la masa, de los desfiles y las concentraciones populares.

Dictador latinoamericano y tropical, por añadidura, que quiere decir farouche, petulante, embustero, pintoresco, folklorizante, violento y amante de todo cuanto pudiera contribuir, a través de los abalorios verbales, a ser amado por los masas y temido por aquellos a quienes juzgaba sus enemigos, porque venían a estropearle el show.

Pero, sobre todo, vanidoso, una frustrada estrella del béisbol de Grandes Ligas, que se reencontró descubriéndose “bueno” para la televisión y la radio y usando los medios audiovisuales para las peroratas más largas, tediosas e insustanciales de que tenga memoria la historia de la comunicación.

Digamos que en esas batallas sufrió una primera derrota, o muerte prematura, el “Socialismo del Siglo XXI”, pisoteado, maltratado y humillado por este caudillo que pronto se olvidó de sus ofertas de “democracia participativa, protagónica y directa” y se trazó el rol imposible de restaurar el estalinismo y el castrismo (únicas versiones del socialismo que compartía en el fondo), ensayar con una suerte de mini “Guerra Fría” para cristalizar la hazaña que no habían logrado “otros grandes” (Lenin, Stalin, Mao y los hermanos Castro) y crear una “regional” revolucionaria con los mismos atributos que tuvieron las “Internacionales” de otros tiempos.

Delirios y fantasías financiados con los petrodólares de un nuevo ciclo alcista de los precios del petróleo que, iniciado en el 2004, duró hasta el 2008 (el más largo y rentable de la historia), y le generó a las finanzas venezolanas los más altos ingresos que había conocido en un siglo de explotación petrolera: DOS BILLONES Y MEDIO DE DÓLARES.

Más de las dos terceras partes de esta cifra colosal fueron dilapidadas, derrochadas y tiradas en la compra de apoyos nacionales, regionales e internacionales, sosteniendo economías inviables como las cubana, nicaragüense, ecuatoriana y boliviana y alimentando las corruptas burocracias de los populistas brasileños y argentinos hoy haciendo los esfuerzos finales por llevarse lo que queda de Venezuela.

En otras palabras: que en un mundo en ruinas con Raúl Castro acercándose a los Estados Unidos para ver si le procuran los dólares que cada día le faltan más a Venezuela para sobrevivir y darse tiempo para traspasarle el poder a su hijo, Alejandro; Ortega, Correa y Evo Morales esperando turno frente a la taquilla de pago de Barack Obama a ver si negocian lo “suyo”, Dilma Rousseff temblando ante la posibilidad de ser derrocada por la calle y Cristina Kirchner haciendo las maletas para entregar el poder a la oposición en las elecciones de finales de año.

Solo quedan esperando quien los recoja, entonces, los escombros de Venezuela, apuntalados por el sucesor de Chávez, un tal Maduro, sin educación, profesión, ni nacionalidad conocidas, afortunadamente ágrafo y afásico, lo cual no quiere decir que no use los medios audiovisuales que ya controla totalmente para hablar disparates durante horas, horas, y horas y enfrente a cientos de miles de venezolanos que hacen largas colas para no morirse de hambre o de enfermedades que no se pueden diagnosticar porque ya los laboratorios clínicos no tiene reactivos.

La segunda y definitiva muerte, en fin, del “Socialismo del Siglo XXI”, cuyas exequias se llevaron a efecto en la VII Cumbre de Las Américas, el fin de semana antepasado en Ciudad de Panamá, con sus viudas inconsolables, Cristina Kirchner y Dilma Rousseff llorando a moco tendido, sus deudos más íntimos, Maduro, Ortega, Correa y Evo camuflados para no ser abucheados y Raúl Castro colaborando con el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, a echarle las paladas de tierra final.

Ah, porque Barack Obama, fue el invitado de lujo al entierro, el presidente del Imperio que, presuntamente, iba a ser destruido, pulverizado y deshuesado por Chávez, sus aliados y el “Socialismo del Siglo XXI”, el hombre que fue justamente la estrella del velorio mientras el público se apartaba de la urna del difunto para ser vitoreado y celebrado.

Se le pidieron unas palabras sobre la solemne ocasión en que se inhumaba una idea, unas ideas, pero se limitó a un escueto y cristiano: “¡Paz a sus restos!”.

Fuente: http://www.noticierodigital.com/2015/04/panama-y-la-muerte-del-socialismo-del-siglo-xxi/

"Lo que sabe el gobierno"("...un gobierno fuerte ya habría anunciado las elecciones. Sin duda, el miedo los paraliza pero será inevitable convocarlas...")



POR:RICHARD CASANOVA.

Ya el CNE anunció que las elecciones parlamentarias van con los mismos circuitos del año 2010. Sin embargo, se conoce la disposición del organismo electoral -léase del gobierno- a introducir cambios para sacar mayor beneficio de la contienda. El ventajismo oficialista no es ninguna novedad, tampoco el descaro y la amplia difusión de los abusos pues la idea es desmoralizar al mundo opositor, desmovilizarlo y estimular su abstención. Pero llega un momento en que no hay trampa posible y más bien, cualquier cosa que hagan puede ser “cuchillo para su garganta”.  A propósito, recordemos la experiencia de las elecciones en el Colegio de Ingenieros de Venezuela (CIV).


El gobierno procuró evitar esas elecciones y la Junta Directiva Nacional del CIV tuvo que introducir varios recursos legales ante el TSJ y el CNE. Por fin, éstas fueron convocadas cuando el gobierno pensó que iba a ganarlas pues además del control de los ministerios, institutos y demás entes donde trabajan buena parte de los ingenieros y arquitectos agremiados, tenían a su favor un clima de desaliento y una frágil unidad opositora. Así las cosas, el CNE autorizó las elecciones y obligó al CIV a modificar el sistema electoral, alterando la estructura –tal como hoy se plantean- para supuestamente sacar ellos mayores beneficios. Lo que no esperaban es que la Unidad Gremial venciera todas las adversidades, derrotara el ventajismo oficialista y el resultado terminara siendo demoledor para el chavismo.  Igual en estas elecciones parlamentarias, quizás puedan quitarle un diputado a la oposición en algún circuito pero la posibilidad de alterar sustancialmente el resultado está por verse y cuidado si el tiro no les sale por la culata.

Lógicamente estas maniobras hay que enfrentarlas pero ellas beneficiarán al chavismo, si el electorado opositor es convencido de que el gobierno ha logrado una forma truculenta de ganar, cosa que frenéticamente repiten los opositores radicales.  O si estas marramuncias son percibidas como algo exitoso asociado a la condición de poder, por ejemplo que el país apreciara la suspensión de la elección del Parlamento Latinoamericano como una demostración de fuerza del hamponato gubernamental, cuando en realidad es una muestra de su tremenda debilidad. ¿Acaso alguien va a pagar el costo político de suspender unas elecciones que puede ganar?  Si esa representación parlamentaria ya se elegía mediante el voto popular ¿por qué retroceder y quitarle ese derecho al pueblo? ¿Qué pasó con la democracia participativa y protagónica?   Igual con el retraso en el cronograma electoral, tal evasiva no es expresión de fortaleza, todo lo contrario: un gobierno fuerte ya habría anunciado las elecciones.  Sin duda, el miedo los paraliza pero será inevitable convocarlas este año y gracias a la presión internacional, se le complica al chavismo una eventual tropelía golpista para evadir la contienda. Por cierto, ha sido esa presión y la unidad nacional de las fuerzas opositoras, lo que ha obligado a los dictadores del mundo a entregar el poder.  El gobierno lo sabe: por mucho que pataleen habrá elecciones. Tanto nadar para morir en la orilla, dice la sabiduría popular.

Twitter: @richcasanova

Dirigente progresista / Vicepresidente ANR del Colegio de Ingenieros de Vzla.

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Fuente: http://www.noticierodigital.com/2015/04/lo-que-sabe-el-gobierno/

viernes, abril 17, 2015

"Gobierno paralítico" ("23% de los hogares viven en pobreza extrema")



POR:JOSÉ VICENTE CARRASQUERO.

Desde que llegó al poder, el gobierno de Nicolás Maduro ha demostrado no tener las habilidades necesarias para enfrentar la crisis que empobrece día tras día a los venezolanos. Ha habido un debate sobre si el propósito es llevar el país a la situación menesterosa que vive en este momento o si es solo una cuestión de ineptitud para el desempeño de los cargos que ostentan.

Particularmente me inscribo en la segunda opción. El país está en manos de la clase política más incapaz que haya tenido la responsabilidad de manejar la república desde su fundación. Además hay que sumarle otras características nefastas. Junto a la incapacidad estamos frente a una ausencia total de escrúpulos que les permite mentir de forma descarada y trasladar sus culpas a otros sectores. Si todo esto fuese poco, han promovido y protegido la corrupción de una forma verdaderamente alarmante.

Viendo unas cifras publicadas por un importante analista del negocio petrolero venezolano, sostengo que a Venezuela le entró mucho más dinero en estos últimos dieciséis años que la sumatoria de todos los ingresos del país desde 1811 hasta 1998. Incluyendo cuando fue parte de la Gran Colombia.

Unos incapaces sin plan alguno de gobierno se emborracharon con semejante cantidad de dinero y comenzaron a gastar a diestra y siniestra sin ningún plan que dirigiera sus acciones hacia el logro de una visión de país previamente establecida. El único objetivo era mantenerse en el poder. Ignorantes como Jorge Giordani llegaron a decir que Venezuela tenía todos los dólares que necesitaba. Otra estupidez, producto de la incapacidad manifiesta, fue la de suponer que los precios del petróleo se mantendrían altos indefinidamente a pesar de las señales que estaba dando el mercado.
 
El manejo alocado y hasta ridículo de las finanzas públicas nos ha traído a la situación que está viviendo el país. Una que ya raya en la ingobernabilidad. Ésta entendida como la ruptura de la relación de gobierno entre quienes detentan el poder y la población. Venezuela se encuentra en una situación de anomia en la cual el crimen está a la orden del día.

Y ese es otro punto. Muchas personas sostienen que el auge criminal es un asunto diseñado por el gobierno. Nuevamente estoy en desacuerdo. El hampa se ha constituido en un poder que reta la capacidad del estado de monopolizar la violencia con la finalidad de garantizarles a los ciudadanos seguridad. En estos momentos, es innegable que la criminalidad desbordada es una grave amenaza a la estabilidad del régimen chavista. Es difícil pensar que alguien se meta en semejante problema si no es por su profunda ignorancia de los fenómenos sociales.

Las policías están siendo diezmadas y penetradas por el hampa. Sobre ese proceso el gobierno luce inerme. Montaron otro show con un súper-policía que supuestamente iba a poner orden. El asunto no ha hecho sino empeorar. Para eso están las estadísticas que desde ya, indican que Venezuela tendrá más muertos este 2015 que el año pasado. Una guerra perdida para la cual no tienen respuesta.


En su copia barata del discurso de los Castro, el problema de la escasez de dólares se lo atribuyen a una guerra económica con enemigos desconocidos. Su incapacidad se la atribuyen a un hecho que ningún ser racional es capaz de dar por válido. Si la guerra económica fuese una realidad, el presidente y todo su tren ministerial debiera renunciar inmediatamente. La triste realidad es que como dijo su ignorancia magnífica Jorge Giordani, entre empresas de maletín y gastos exorbitantes para garantizar ganar las elecciones de 2012, se endeudaron más allá de sus posibilidades.

Paralíticos como son, han decidido darle prioridad al pago de los vencimientos de deuda y su servicio por encima de la satisfacción de las necesidades de la población. He ahí la explicación de la guerra que ellos mismos se empeñaron en perder.

Otra guerra perdida fue la de la Cumbre de las Américas. Momentos que Maduro busca olvidar rápidamente entablando otra pelea de gallera ahora con los españoles. Luego vendrán los colombianos, los chilenos y todo aquel que cuestione las atrocidades que están sucediendo en Venezuela.

La triste verdad es que un gobierno paralítico como el actual tiene pocas posibilidades de salir de la trampa en la cual se metió gracias al ejercicio pleno de su incapacidad e ignorancia. Y con esto creo abonar a la idea de que lo que está pasando no es por diseño.

Las encuestas están demostrando que el gobierno es minoría. Eso tiene a la secretaría electoral del Psuv (CNE) haciendo triquiñuelas para ver cómo le quita diputados a las circunscripciones que gana la oposición. Avizoran la pérdida del poder e impiden que se realicen elecciones al Parlamento Latinoamericano, sin tomar en cuenta la gravedad del mensaje que están enviando a otros países sobre la calidad dictatorial del régimen.
No podemos esperar nada de este gobierno. Es un gobierno paralítico, es decir, sin capacidad de hacer lo necesario para salir de la crisis. Ya hay por ahí quien dice que los problemas con Estados Unidos y España le darán votos al gobierno para mantener la Asamblea. En mi humilde opinión están equivocados. La gente no está para posiciones que desconozcan el trabajo que están pasando. Está muy equivocado el gobernador de Nueva Esparta cuando trata de emular a Chávez diciendo que la gente se va a restear con revolución a pesar de las penurias.

Como van las cosas, no hace falta ser brujo para ver una pérdida de la AN por parte del gobierno. Eso explica el tiempo que se han tomado para convocar las elecciones. De ahí en adelante vendrá el despeñadero. Lo siguiente será un revocatorio que mandará a Maduro a las duchas. A partir de ahí le tocará a otra gente tomar las riendas de la nación, ojalá que para bien de todos.

Los paralíticos seguirán haciendo lo que saben hacer: perseguir a los opositores difíciles, inventar historietas de malvadas maquinaciones que crean problemas que no saben resolver, reprimir violentamente las manifestaciones de descontento. No se puede esperar otra cosa que quienes vieron su cerebro paralizado por la ideología del fracaso.

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Fuente:http://www.noticierodigital.com/2015/04/gobierno-paralitico/ 


 23% de los hogares viven en pobreza extrema



ND / 16 abr 2015.- La pobreza extrema está creciendo desde el año 2012. Así lo reiteró este viernes el profesor Marino González, uno de los participantes del estudio sobre las condiciones de vida de los venezolanos realizado por investigadores de las universidades Central de Venezuela, Católica Andrés Bello y Simón Bolívar.

Esto lo dijo en el programa mañanero de Carlos Croes por Televen:

“Una de las cosas que constatamos que con respecto al año 1998, que fue la última encuesta de ese tipo que se hizo en el país, sí ha aumentado la pobreza. Nosotros encontramos que el 48% de los hogares venezolanos están en situación de pobreza cuando uno establece el método de medición del ingreso, de la familia. En el año 98 era de 45%. Lo más preocupante es la pobreza extrema, que es el porcentaje de las familias que no tienen ingresos para los alimentos, los resultados dan aproximandamente 23% de los hogares.

“Pero profesor”, intervino la periodista que se encontraba en sustitución de Croes, “según las cifras del INE la pobreza ha disminuido en estos 16 años”.

“Bueno”, respondió el profesor, “El INE no ha publicado las cifras del año pasado, solamente hasta el año 2013. De hecho, (ese año) ellos habían indicado un aumento de la pobreza que es consistente con lo que organismos como la Cepal también habían dicho”.

Fuente:http://www.noticierodigital.com/2015/04/prof-marino-gonzalez-23-de-los-hogares-viven-en-pobreza-extrema/

jueves, abril 16, 2015

"Firmas marchitas" ("... varios días después de un entierro. Y los sancionados, sancionados quedaron".)

 
 
POR:ANTONIO A. HERRERA-VAILLANT
Se dice que Obama se doblegó a la monarquía cubana para conseguir aplausos con la claque populista reunida en Panamá. Quizás. Pero su reciente dueto de paz y amor con Raul Castro también evoca lo que Gorbachov dijo a los norteamericanos al fin de la guerra fría: "A Ustedes les vamos a hacer algo terrible -les vamos a privar de un enemigo".

Lo de Obama no sorprendió, pero Castro quedó totalmente en cueros ante sus fanáticos de toda la vida mientras sus matones importados resaltaban ante el mundo la verdadera naturaleza de su dinastía.

¿Cómo compaginar un viejito manso y apacible que derrocha amabilidades con el sanguinario tirano que toda su vida escupió insultos, amenazas y descalificaciones contra sus nuevos interlocutores? Sesenta años de libretos, argumentos y tramoyas bajaron por el retrete  de la historia en esos pocos minutos. ¿Quién le volverá a creer si intenta volver atrás?

Ya todos volvieron a casa: Dilma, a enfrentar manifestaciones y preparar maletas para Washington; la Kirchner, a ligar que Scioli no termine echándola por la borda; Santos, a tratar que su tinglado entreguista no se le reviente en la cara; y Evo a seguir siendo Evo.

También regresó uno cuya "victoria" se limitó a un fugaz y subrepticio encuentro de pasillo (cero fotos, por favor) con quien no le paró ni medio segundo de atención a su perorata formal -para salir repitiendo "podemos dialogar" y declarando amor por Eric Clapton.

Encuentro patético si se compara con el performance estelar montado a todo trapo con el viejo Castro, recogido por cientos de micrófonos, iluminado por miles de cámaras. El dueto de los dos tenores fue la esencia del show panameño, y ambos siguieron el libreto en perfecta armonía. Con seriedad.

Muy distinto el vergonzante e improvisado encuentro -¿diez minutos?- con un Obama a punto de embarcar: como compasivo que discretamente recibe al suplicante y le lanza mendrugos. No se puede sino recordar aquel reclamo de barrio criollo: "¡Pana, tírame algo!".

Y ahora: ¿Qué será de las firmas? ¿Vendrán de vuelta para compensar la grave escasez de papel? ¿Las recordarán en dos meses? Para entonces pesarán más que un collar de bolas criollas en medio de los devastadores tornados de una crisis económica cuyo cerco estrangula más por día.

Todas esas "valientes" rúbricas contra el "imperio" -el verdadero número es ya irrelevante- y la alharaca que se armó con ellas resultaron simples flores de un día. Nada más. Hoy quedan cual marchitas coronas fúnebres varios días después de un entierro. Y los sancionados, sancionados quedaron.

aherreravaillant@gmail.com
 
 Fuente:http://www.eluniversal.com/opinion/150416/firmas-marchitas