"Inversores y expertos dudan de que el Gobierno de Caracas pueda afrontar el pago de casi 6.000 millones de deuda soberana"
POR:EWALD SCHARFENBERG.
"Vamos a pagar la deuda que se vence en las próximas semanas, tenemos la
fortaleza y la capacidad para seguir cumpliendo plenamente con nuestros
compromisos internacionales este año", dijo el presidente venezolano,
Nicolás Maduro, durante una reunión con su equipo económico la semana
pasada en Caracas. Sin embargo, aunque el anuncio arrancó aplausos, hay dudas razonables acerca de si Venezuela tiene recursos para pagar.
El próximo octubre vencen bonos de la deuda de la República y de la petrolera estatal Pdvsa
por casi 6.000 millones de dólares. Desde que asumió el poder, en
febrero de 1999, la Revolución Bolivariana ha desembolsado con
puntualidad los pagos de deuda soberana. Sin embargo, en la coyuntura
actual en la que las cuentas del Estado no cuadran, por primera vez hay
dudas razonables acerca de si Venezuela —el país con las mayores
reservas de crudo del planeta, con exportaciones petroleras por 100.000
millones de dólares en promedio anual— dispone de los recursos para pagar.
"Yo creo que ahora no los tiene, pero también creo que sí va a pagar. Por eso es el apuro por vender Citgo",
afirma José Guerra, un reconocido economista que fue Jefe de
Investigaciones del Banco Central de Venezuela (BCV) durante muchos
años. Guerra hace referencia a la filial en Estados Unidos de Pdvsa,
Citgo, un gigante con tres refinerías y 6.000 gasolineras que, según
confirman agencias internacionales de noticias, ha sido puesta en el
mercado en busca de un mejor postor. "Están dispuestos a cualquier
sacrificio para cumplir".
El anuncio presidencial de siete días atrás no disipó las dudas.
De hecho, los mercados financieros castigaron desde entonces los bonos
venezolanos, que en el parqué de Nueva York experimentaron la mayor
caída en un año, con una ligera recuperación el martes. Los
inversionistas no están seguros de que Venezuela vaya a pagar. Los 16
meses de Gobierno de Maduro han representado una pérdida de 10% para los
tenedores de papeles venezolanos.
Casi al mismo tiempo, dos economistas venezolanos de la Universidad
de Harvard, Ricardo Hausmann —que fue ministro durante el Gobierno del
socialdemócrata Carlos Andrés Pérez, entre 1989 y 1992— y Miguel Ángel
Santos, se atrevieron a mencionar lo innombrable. En una columna
distribuida el viernes pasado por un servicio sindicado de opinión, bajo
el título de ¿Debería Venezuela dejar de pagar?, los dos expertos no
sólo dieron sustento a las sospechas sobre la capacidad de pago del
país, sino que, además, imprimeron un cariz ético al dilema que enfrenta
el régimen chavista. "El hecho de que esta Administración haya escogido
fallarle a 30 millones de venezolanos, en vez de a Wall Street, no es
una señal de su rectitud moral, sino de su bancarrota moral", escribieron.
Si Venezuela incurre en impagos la situación sería peor que la argentina, porque Argentina tiene capacidad para abastecerse de alimentos, pero Venezuela noJosé Guerra, economista y ex jefe de de Investigaciones del Banco Central de Venezuela (BCV)
En efecto, Venezuela vive una aguda situación de escasez de bienes de consumo. El Gobierno mantiene una deuda de 4.000 millones de dólares con las aerolíneas internacionales,
un diferendo que amenaza con dejar aislado por vía aérea al país.
Desembolsos incumplidos de divisas por 150 millones de dólares impiden
la importación de papel prensa y obligan a los periódicos a cerrar o
reducir sus ediciones. Pendientes milmillonarios con las industrias de
los medicamentos, de autopartes y de alimentos, entre muchas otras,
provocaron la desaparición de los productos en los mercados nacionales.
Ante este default selectivo en el comercio exterior, que afecta al
venezolano de a pie, se preguntan Hausmann y Santos: "¿Por qué priorizar
los pagos de papeles?"
La reacción de los sectores financieros no se hizo esperar. Un
analista del Bank of America, el venezolano Francisco Rodríguez, se
apresuró en aclarar que "Venezuela tiene ingresos foráneos para asegurar
un adecuado suministro de importaciones y para cumplir con sus
obligaciones extranjeras".
"Hablar de default financiero ya representa palabras mayores", dice
José Guerra, por su parte. "Si Venezuela incurre en impagos la situación
sería peor que la argentina, porque Argentina tiene capacidad para
abastecerse de alimentos, pero Venezuela no". Lo razonable sería
negociar una reestructuración de la deuda, una opción a la que el
Gobierno de Maduro se niega, para evitar tratos con los demonizados
organismos multilaterales y protegerse de los altos intereses que los
mercados impondrían a la nueva deuda.
La inflación más alta del mundo
Las tribulaciones económicas siguieron el martes cuando el Banco Central de Venezuela (BCV)
dio a conocer las cifras oficiales de inflación. Aunque las
estadísticas fueron cuestionadas por diversos economistas en las redes
sociales, el organismo anunció que de agosto de 2013 a agosto de 2014 el
Índice de Precios al Consumidor (IPC) registró un alza de 63,4%, lo que
la convierte en la mayor tasa del mundo, ya cercana a cotas de
hiperinflación. Durante los 12 meses anteriores, esa cifra fue de 45,4%.
La inflación acumulada en 2014 alcanzó un 39%. Aunque el BCV señaló que
el incremento en agosto, que se situó en un 3,9%, muestra una tendencia
a la baja por tercer mes consecutivo —el alza en los meses de junio y
julio fue de 4,4% y 4,1%, respectivamente—, la tasa ha subido en los
últimos seis años.
Los expertos han pronosticado para fines de año una tasa cercana al
70% y están convencidos de que de no haberse cambiado la metodología
para realizar el IPC, los precios hubieran superado el 75%.
De acuerdo con el boletín oficial del BCV, controlado por el
Gobierno, las turbulencias inflacionarias se deben a “la conflictividad
política inducida por la guerra económica que obstaculizó el normal
desempeño de las actividades productivas y la distribución de los bienes
esenciales que demanda la población venezolana”.
Maduro ha responsabilizado a las protestas de comienzos de año
del aumento de la inflación. Según el presidente, las barricadas
levantadas por los manifestantes en las carreteras afectaron al
comercio, y los choques violentos entre la policía y los opositores
obligaron a que las tiendas cerraran más temprano.
Sin embargo, los expertos coinciden en que el gasto público excesivo y
el control de precios y de las tasas de cambio por el Gobierno son los
verdaderos factores responsables del incremento del IPC.
El Ejecutivo ha aplicado medidas para intentar frenar, sin éxito, la
inflación, como el cierre de la frontera con Colombia por las noches para combatir el contrabando de bienes de consumo venezolanos como combustible y alimentos.
La cifra más alarmante que muestra el BCV es el alza en los precios
de los alimentos que para el cierre de agosto llegó al 91%, una tasa
solo vista durante la crisis del sistema financiero en los años 1994 y
1996.
Fuente:http://internacional.elpais.com/internacional/2014/09/11/actualidad/1410387269_927639.html
2 comentarios:
Venezuela: la tercera invasión
En América, se está sustituyendo a Estados Unidos como potencia dominante por otras fuerzas
Antonio Navalón
El cambio geoestratégico que se está produciendo en América tiene varios componentes. El más importante es la sustitución, aunque sin repercusiones políticas inmediatas, de la potencia aún dominante (Estados Unidos) por otras fuerzas económicas, como ocurre con la paulatina ocupación de la zona por China.
Prestarle dinero al país que sigue teniendo las mayores reservas de petróleo del mundo tiene poco misterio, en el sentido de que —si Venezuela no estalla políticamente— siempre se podrá recuperar la inversión.
Estados Unidos sigue siendo el principal socio comercial de Caracas, con un flujo cercano a los 70.000 millones de dólares anuales. Sin embargo, de golpe, como pasó un día con los chavistas y luego con los cubanos, los chinos empiezan a multiplicarse en todos los sectores de la economía venezolana.
No es sólo que Venezuela sea el mayor consumidor de celulares fabricados en China de toda América Latina, no es sólo que nadie sepa la cifra de los médicos cubanos que trabajan en las misiones o el número exacto de consejeros militares, es que en un país con una población relativamente pequeña (menos de 31 millones de habitantes) hay más de 400.0000 chinos.
Chinos y venezolanos han establecido una relación económica bilateral que ha crecido exponencialmente en los 15 años de chavismo y que en el fondo se ha convertido en la trinchera de resistencia del régimen. Las cifras son claras: el intercambio comercial entre ambos países ha pasado de 12.000 millones de dólares en 2000 a más de 230.000 al año.
Nicolás Maduro comenzó su mandato con un viaje a China. Ahora la presencia china en Venezuela (como en otros países latinoamericanos) adquiere características peculiares porque ya no solo se trata de financiar al país a cambio de productos —petróleo y materiales estratégicos mineros—, sino que también significa entrar e intercambiar bienes de consumo. La compra de grandes almacenes lo prueba.
Pekín no es un enemigo ideológico de los otros equilibrios de la zona, pero sí es una potencia económica emergente. Además, tiene una doble estrategia: el peso específico y súbito que le da la población de origen chino y una exportación masiva de técnicos (uno de los grandes campos en los que Pekín ha invertido en los últimos diez años) para ocupar no sólo los espacios físicos a través del dinero, sino los intangibles mediante el desarrollo tecnológico propio.
China está propiciando, con créditos especiales, la recuperación de infraestructuras y la creación de nuevos sistemas de comunicación en la zona, lo que le permite enlazar y ocupar territorios como antes Estados Unidos o la Unión Europea.
Venezuela: la tercera invasión
Los trenes y los grandes puertos son los mejores ejemplos. Así, los caminos de hierro regresan a América Latina de la mano de los chinos, que acaban de prestar 7.500 millones de dólares a Venezuela para la construcción de una línea ferroviaria de 468 kilómetros, de la que China Railways Engineering poseerá un 40%. China invierte unos 1.900 millones de dólares al año en la nación bolivariana.
Y no hay que perder de vista que Chávez se dedicó a rearmarse y a buscar el equilibrio en la zona con compras masivas de material militar a la Rusia de Putin. Ahora, por primera vez, los chinos no sólo financian al país a cambio de obtener petróleo y productos de los que carecen, sino que, en una repetición de la historia, acaparan materias primas para seguir manteniendo su nivel de desarrollo.
La posibilidad de cooperación en los sectores del transporte ferroviario y el energético, así como el empeño chino en convertirse en una potencia en trenes de alta velocidad en el continente americano, donde no tienen competencia directa estadounidense, se traduce en acuerdos como el firmado en el área de Junin —considerada el cinturón de petróleo de Orinoco— entre China International Trust and Investment Corporation y Petróleos de Venezuela SA (PDVSA).
Asimismo, se prevé la creación de una compañía entre PDVSA y la empresa china de tecnología Sinotec para explorar y explotar yacimientos. El Banco de Desarrollo de China otorgará un préstamo por 500 millones de dólares para la compra de maquinaria y tecnología petrolera.
China importa de Venezuela más de 500.000 barriles de petróleo diarios, un 10% de sus importaciones totales de crudo. Se prevé que para el 2016 la cifra se duplique. Pero, para llegar a ese punto, primero debe convertirse en dueña de la capacidad de explotación de los pozos petrolíferos.
Otro problema que se presenta en esta macrolucha estratégica deriva del equilibrio entre chinos y rusos. No es casual la vuelta del activismo ruso a Cuba porque, a fin de cuentas, la segunda invasión de Venezuela, llevada a cabo por los cubanos durante el mandato de Chávez, es un fenómeno de penetración ideológica, militar y de control social que no debe menospreciarse.
En términos absolutos, Estados Unidos es en apariencia el gran ausente en la lucha por el control de Venezuela, dada la penetración física y en sistemas de seguridad de los cubanos. Y ahora se presenta la tercera invasión que es la financiera y tecnológica a cargo de China. Los vacíos siempre se llenan.
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