domingo, junio 29, 2008

"Los malqueridos" ("Chávez...transformando la política en un evento sentimental...caudillismo melodramático")


POR:ALBERTO BARRERA.

Los sentimientos y las emociones sustituyen a los argumentos.

La polarización es infranqueable justamente por eso: no tiene razonamientos.

Vive de sus ansias, se mueve por impulsos.

La revolución también es una rocola. Tú lo sabes y te preocupa. A veces, incluso, antes de dormir, justo en el instante en que los párpados se derrumban, te ronda la imagen de esa vieja caja de música, sonando.

Te acorrala un sueño espantoso. Estás dentro de una pesadilla marca duo Pimpinela.

Él te canta, enfurecido "¡Vete!/ Olvida mi nombre, mi cara, mi casa/ y pega la vuelta". Tú no sabes qué hacer, hasta que por fin despiertas, agitado, por supuesto. Te pica la barba, la miopía se te pierde entre las sábanas, la lengua cruje. Miras el teléfono: silencio. Miras la pantalla opaca del televisor: silencio. Pero... ¿Y mañana? ¿Qué pasará mañana? Cuando amanezca, ¿acaso él todavía te seguirá queriendo?

Cuando el presidente Chávez, esta semana, en un acto público y oficial, declaró sonoramente que "Acosta Carlez es un mal ejemplo para la revolución", no sólo estaba convirtiendo la celebración de otro aniversario de la Batalla de Carabobo en un espacio partidista, doméstico y diminuto, sino que estaba, nuevamente, transformando la política en un evento sentimental.

Nunca antes el gobernador de Carabobo había sido un mal ejemplo. Todo lo contrario. Podía abusar del poder, podía desbocarse hasta eructar sonoramente ante las cámaras de televisión, y resultaba divertido, casi un héroe, un modelo a seguir ¿Qué pasó? ¿Cómo tanta magia pudo, de pronto, evaporarse?

Las razones de este divorcio no están en la gerencia administrativa o en algún giro de un debate ideológico. Para nada. Se trata, de nuevo, de un problema de fidelidad, de entrega total.

Acosta Carlez parpadeó ante los deseos del Presidente.

Acosta Carlez dudó, propuso un desacuerdo, casi dijo no.

Como tantos otros. Como Miquilena. Como Baduel. Como Ismael García y los otros dirigentes del partido Podemos...

La lista podría ser infinita.

Ahora que te toca el turno, revisa bien la historia de estos últimos diez años. Toma nota. No te equivoques. Hay que hacer muchos sacrificios para vivir eternamente en una luna de miel.

Porque, también lo sabemos, Chávez entiende la política como un afecto personal.

Cualquier debate se ahoga rápidamente en una única ceremonia sentimental. Una de las acciones revolucionarias más frecuentes, dentro del círculo cercano a Miraflores, debe ser el aguerrido ejercicio de deshojar margaritas: me quiere, no me quiere; me quiere, no me quiere... El Presidente ha construido un caudillismo melodramático. El socialismo del siglo XXI no existe sin él. No es un proyecto político sino un atributo de Chávez.

Es una cualidad personal.

Depende totalmente de la relación que establezcas con él. Tienes que quererlo mucho, tienes que complacerlo, tienes que hacer lo que te pida. Sólo de esa manera conservarás su amor. La política es una intimidad pública. La revolución bolivariana, en el fondo, está mucho más cerca de Delia Fiallo que de Carlos Marx.

Por eso, tal vez, uno de los elementos primordiales de este proceso ha sido la cursilización de la vida pública. Nunca antes tuvimos un gobierno tan infantilmente moralista: pretenden que la afectividad sea un método para evaluar su gestión.

Nunca antes el discurso de la gerencia estatal estuvo tan aderezado con la retórica melosa del folletín. Ahora cualquier ministro nos anda declarando su amor en mitad de una rueda de prensa.

Son intensos. Tienen más de un corazón en el pecho. Lo pregonan a cada rato, como si eso pudiera afectar las estadísticas de la inseguridad social o los porcentajes de déficit de viviendas en el país. El chavismo pretende que el amor legitime sus fracasos administrativos.

Somos un desastre pero te queremos tanto.

Los sentimientos y las emociones sustituyen a los argumentos. La polarización es infranqueable justamente por eso: no tiene razonamientos. Vive de sus ansias, se mueve por impulsos. Esta semana, el general en jefe Gustavo Rangel Briceño afirmó que "el socialismo es la vida y si no tenemos vida, entonces lucharemos hasta la muerte para la consecución de los objetivos". En realidad, en estas frases, no hay ni una sola idea. El ministro de la Defensa igualmente hubiera podido decir "dos y tres son cinco", o "gallina chic ken, pollito hen". En términos de sustancia no hay nada, pero en el territorio del afecto está todo. Rangel Briceño está reafirmando públicamente su fidelidad.

Quizás ni siquiera le habla al país. Quizás aquello que parece una feroz amenaza, tan sólo sea una almibarada declaración de amor.

Mírate en esos espejos. O traidor o devoto. De eso se trata. De vivir así, temiendo siempre ser malquerido.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Carlos BLANCO: Exilios

"El olvido de aquellas exclusiones sembró el camino para las nuevas, más útiles al gobierno"

A veces es difícil escribir. Ésta es una de esas veces. La consecuencia con los lectores obliga a hacerlo, para escudriñar hacia dónde se mueven los astros, aunque la brújula tenga los campos magnéticos trastocados. Hoy da por pensar en los exilios. En tanta gente valiosa desplazada por la intolerancia de quienes se adueñaron del país. El exilio de los que se han ido a otras naciones y el exilio de los que, aun acá, son excluidos porque no comulgan con la nueva escolástica. Algunas mentes brillantes andan por allí, excluidas del campo público y también del privado; del primero, porque el imperio escarlata los odia; del segundo, porque le temen a la acción oficial.

No es sólo sectarismo. Esta era la práctica de algunos adecos, copeyanos o masistas, según los casos, para inclinar la balanza hacia los propios, pero sin que los otros fuesen completamente excluidos; eran socios menores, pero socios al fin, porque se necesitaban en el Congreso para articular políticas, o en otros espacios, para no generar polarizaciones. El sectarismo es una pésima práctica, inexcusable, porque implica abusos, ventajismos hacia el otro, aunque reconoce al otro. La exclusión radical es diferente; en este caso, es la extirpación del contrario.

En la democracia venezolana hubo sectarismo, pero cuando comenzó el deterioro, la exclusión selectiva se inició. El segundo gobierno de Caldera ejerció la exclusión de aquellos contaminados por el gobierno de Carlos Andrés Pérez; el recurso para su apartamiento era que estaban "demasiado identificados". Sin embargo, algunos de sus ministros y altos funcionarios se permitían ciertas amplitudes, producto de la vieja escuela democrática de la cual el propio Caldera había sido cofundador. Fue el tiempo en que se perdonó a Chávez, de acuerdo al clamor de la opinión pública, y se mantuvo preso a Pérez, sobre ese mismo clamor.

Más adelante, la condescendencia nacional encontró al salvador vestido de militar. Había llegado el tiempo de la justicia y comenzó la razzia de instituciones, partidos, grupos e individualidades. "La nueva hegemonía" se llamaba a la operación de limpieza política y de pigmentación colorada que se cernía sobre Venezuela. Ni qué decir la euforia que acompañó los blitzkrieg sobre el Congreso y la Corte Suprema de Justicia, con el contentamiento suicida de sus víctimas. El país entero veía rebanar "al pasado", como las élites de entonces llamaban a todo lo que, por cierto, las había producido. Pronto vieron que la candela no se limitaba a los pajonales lejanos, sino que el calorcito comenzó a pegarles más de cerca; cuando se percataron, ya sus casas y haciendas eran brasa. Más tarde, hasta los recintos de algunos de los piromaníacos comenzaron a incendiarse, bajo la mirada complacida del Comandante.

La exclusión es una política que apoyó el país mayoritario cuando votó por Chávez, cuando lo apoyó para la muerte de las instituciones, cuando se contentó de los adecos, copeyanos, masistas, independientes, que ahora eran perseguidos, excluidos, escarnecidos, botados de sus puestos de trabajo. Ahora la exclusión no tiene ese apoyo popular; pero, lo tuvo.

Las Listas. La lista de Russián no es el comienzo de la exclusión. Es un capítulo, y no es ni el más grave ni el más doloroso. Ha de recordarse la Lista Tascón. Ha de mantenerse fijo en la memoria el registro del Comando Maisanta. Hay que impedir la amnesia con los botados de PDVSA. Y los militares defenestrados.

La lista Russián es una infamia inaceptable. Allí hay ciudadanos que son o pueden ser representantes de la voluntad popular y que se les excluye como la manera del oficialismo de deslastrarse de competidores; pero, debe tenerse en cuenta que los de otras listas no fueron o son candidatos, sino ciudadanos comunes y corrientes que perdieron sus trabajos, sus posibilidades de vida profesional, y muchos vieron deshacerse sus familias...

El olvido de aquellas exclusiones sembró el camino para las nuevas, más refinadas y útiles políticamente al gobierno, en tiempo de elecciones. Uno de los aspectos más intolerables de haber agarrado con pinzas la discriminación es que, por ejemplo, aquellos héroes del petróleo, poco a poco, a la luz de un sector opositor, han pasado a representar a unos locos que pusieron la torta con el paro nacional. O la exclusión que hubo con los militares a los que se les quebró su carrera y apenas alguien levanta la voz en su defensa, es acusado de golpista por el gobierno y voces sonoras de la oposición.

Aceptar que a aquellos les dieron su merecido, sembró el camino para las nuevas exclusiones. Por fortuna, parece que la conciencia nacional se ha vuelto a despertar y bien pudiera ser que, dada la debilidad del gobierno, ahora algunas de las inhabilitaciones de Russián pudieran derrotarse.

La Otra Lista. Hay más que pertenecen a la misma familia de los discriminados, pero están en otro rubro. Son aquellos de los cuales el país prescinde y están afuera de Venezuela porque no tienen espacio profesional dentro; o siguen en el país, pero no pueden prestar sus servicios al sector público porque no son parte de sus dueños, ni tampoco son requeridos por el sector privado, porque éste no quiere verse comprometido ni expuesto a acusaciones de ayudar a escuálidos, contrarrevolucionarios.

Detrás de cada excluido hay un drama humano de inmensas proporciones; pero, desde el punto de vista social hay otro drama que es el de una nación que se priva de la participación de mucha de su gente mejor preparada porque no se aviene al delirio de quienes se cogieron estos pagos. Claro que hay la esperanza de que la mayor porción de ese capital humano y social que se acumula, allá afuera o aquí adentro, servirá para la reconstrucción. Sin embargo, el tiempo pasa, la nación se recuperará, pero las generaciones se consumen improductivamente.

Para muchos cuarentones de comienzos de los noventa, el transcurrir de diez o quince años de exclusión significa un completo desastre existencial. Esa cuenta está viva y algún día saldrá a relucir. El apartheid más terrible es saberse excluido, discriminado, porque se piensa diferente. Ahora muchos de los propios partidarios del gobierno que antes practicaron el destierro de los adversarios, corren la misma suerte. Cuando se pone a andar la máquina del rechazo a la diferencia, sus engranajes no pueden parar y acaban con los propios.

Nota Final. Sirva este reclamo contra la discriminación como un discreto homenaje a una joven y alegre mujer trágicamente fallecida, que sin tener participación política alguna, hace algunos años apareció en una lista elaborada sobre las simpatías políticas del personal de Fogade. En esa lista se le señaló como perteneciente a la "oposición radical" por la simple razón de ser de la misma sangre de un disidente. Era mi hermana.

Anónimo dijo...

Claudio NAZOA: Erúctale a papá

Me encanta Chávez.

¡Es que lo adoro! No hay forma de describir la alegría que me proporciona cada vez que tira a la basura a sus ayudantes y seres queridos.

Es una paradoja que a uno le guste eso, pero no hay forma de ser mayoría en la oposición sin que los que apoyan esta locura, sin pie ni cabeza, dejen de idolatrar al caudillo.

Caudillo que no quiere a nadie y que utiliza a sus acólitos hasta que les saca todo el juguito y los deja en el bagazo.

No voy a nombrar a ninguno de los que ya pasaron por y el desprecio público de nuestro líder. Todos sabemos quienes son. ¿Se acuerdan de esos pateados? quienes vestidos de rojo aplaudían cuando pateaban a otros, que a su vez también aplaudieron cuando pateaban a otros, que también a su vez...

Por eso es que hoy me alegra tanto ver la triste situación de los gobernadores de Yaracuy, Guarico y el último, por ahora, la del gobernador de Carabobo, el ex -glorioso General Eructo. Por cierto, nuestro querido benemérito, en su insulto al general, le dijo que iba a salir por la puerta de atrás, y yo me pregunto: ¿cómo se va a llamar ahora el general? Cuando soltaba los gases por delante lo llamaron el General Eructo, ahora, que va a salir por la parte de atrás, es muy feo pensar cómo lo llamarán.

Que tristeza da ver a los aplaudidores robotizados que antes adulaban a los dirigentes que hoy son humillados. Es horrible verlos seguir aplaudiendo cuando patean a los que hasta ayer eran sus héroes.

Señores dirigentes chavistas, véanse en el espejo de esos antiguos próceres de la revolución convertidos hoy en traidores, en gusanos contrarrevolucionarios, en golpistas, cachorros del imperio y cuantos epítetos peyorativos se le ocurran a nuestro querido líder. Esto me recuerda a las purgas en la antigua Unión Soviética en donde se veían grandes carteles con fotos de dirigentes comunistas rodeando a Stalin.

De pronto, si alguno de aquellos adoradores sin importar por qué caía en desgracia y era enviado a Siberia, aparecía al día siguiente el mismo cartel, pero en la foto faltaba el purgado. Nadie, por cobardía, se atrevía a preguntar en dónde estaba el que faltaba.

¿Dónde está el orgullo? ¿Dónde está la dignidad que puede tener un ser humano? ¡Es increíble la falta de coraje para responder esos insultos! Convénzanse señores humillados, ustedes ya no le sirven al caudillo, ustedes valen menos que cero en el esquema de su adorado dios. Tengan dignidad ¡descuélguense! Alguna vez pertenecí en mi juventud lejana, a la Juventud Comunista de Venezuela, éramos respondones y no nos calábamos insultos de nadie.

Ahora da vergüenza el desprecio con el que Chávez trata a los comunistas venezolanos, mientras ellos se quejan agradeciéndole y disculpándolo.

Y díganme los del PTT, con dirigentes valiosos y capaces, dejándose patear el trasero todos los domingos, y la única respuesta que dan, mirando al suelo con temor por no atreverse a ver de frente la indignación de los venezolanos, es: -Chávez, no importa que no me quieras, te seguiré amando me hagas lo que me hagas.

¡Que pena con esos señores! Repito, revisen la lista de los pateados ¿Se acuerdan cuando Miquilena era como un padre para Chávez? Ahora el caudillo de Carabobo, que antes eructaba tan bonito, con su cabecita baja y humillado, dice que: -Chávez es mi papá, y yo lo perdono.

A todas éstas, Chávez le responde: -No es que eructes, hijo mío.

Tienes que eructar como y cuando yo te diga.

Bueno, bienvenido general.

¡A eructar! ¡Firrrr....!