domingo, junio 14, 2009

"Clandestinos" ("...aprendiendo a protegernos del aparato persecutorio...")


POR:TULIO HERNÁNDEZ.


“Las plagas, en efecto, son una cosa común, pero es difícil creer en las plagas cuando las ve uno caer sobre su cabeza.” Albert Camus. La peste.

Poco a poco, los venezolanos que disentimos de la cúpula militar que gobierna el país vamos perdiendo la inocencia y aprendiendo a protegernos del aparato persecutorio que se ha ido instalando ante nuestros ojos.
Ya no hablamos alto en lugares públicos porque sabemos que cerca puede haber alguno de los centenares de funcionarios cubanos a punto de grabarnos, retratarnos o pinchar nuestros teléfonos.
Ya no hacemos como antes, en los tiempos de AD y Copei, cuando dilucidábamos en público si el banquero ministro era más ladrón que la amante del presidente o a la inversa. Ahora, cada vez que especulamos sobre un ex vicepresidente que se supone es socio de una descomunal red de hoteles o sobre el enriquecimiento de uno de los jefes militares y sus hermanos, miramos a los lados, previsivos, para estar seguros de que nadie nos escucha, no vaya a ser que terminemos acusados de enemigos de la patria.
Nos estamos acostumbrando.
Ahora es normal que cuando alguien manda un correo electrónico con una denuncia contra algún abuso de poder coloque al final una advertencia: “Si lo vas reenviar, por favor, elimina el remitente”. También que en medio de una conversación telefónica en donde dos amigos conversan algún tema político uno recuerde al otro: “Frena, frena, mejor lo hablamos personalmente”.
También es un asunto común que todo aquel que tiene un mínimo de presencia pública opositora al Gobierno ­porque escribe en la prensa, hace declaraciones a la televisión o conduce un programa de radio­ se sienta feliz cada vez que va a salir del país y logra atravesar la aduana en el aeropuerto de Maiquetía sin ser retenido o molestado por el funcionario de turno. Es una gran tensión.
Nadie sabe cuándo saldrá su número. Le ha tocado padecerlo a periodistas, escritores, dirigentes políticos o defensores de los derechos humanos. No importa si son venezolanos o extranjeros. Cualquier pretexto es bueno para intimidarlos.
El miedo comienza a ser moneda de curso corriente entre nosotros. Quienes escribimos en la prensa en abierta postura de oposición al Gobierno, tenemos que escuchar con frecuencia a algún miembro de nuestra familia o un buen amigo que nos sugiere bajar el tono, cambiar de tema o, incluso, recomendarnos con palmada en el hombro: “Por qué mejor no te vas un tiempo del país”.
La gente aprende a protegerse. Ahora, por ejemplo, cada quien piensa con más cuidado al momento de firmar algún tipo de documento público que disienta directa o indirectamente del Gobierno. Después de la publicación de la tristemente legendaria Lista de Tascón, todos sabemos los riesgos que se corren.
Es lo que le ocurre a un amigo una media hora antes de sentarme a escribir esta nota.
Luego de saludarnos le muestro un manifiesto de protesta por el desalojo del Ateneo de Caracas y otros atropellos a organizaciones culturales. El amigo lo lee. Cuando termina, con una mirada de vergüenza o de tristeza que no conocía en mi país, me dice: “Estoy de acuerdo con el contenido pero no puedo firmarlo. Tú sabes bien que el grupo de teatro al que pertenezco suele recibir contratos del Ministerio de Cultura y nosotros necesitamos trabajar”. Luego agrega: “De todas maneras, vamos a recoger algo de dinero para apoyar su publicación. Y cuenta con nosotros pero desde la clandestinidad”.
La frase queda rebotando en mi memoria y de inmediato pienso en todas las historias que he escuchado de familiares o amigos que rechazan el proyecto bolivariano pero trabajan en un ministerio o en una institución educativa pública y con cierta frecuencia son obligados a ponerse la franela roja y la gorra roja, y salir a un mitin, una marcha o una jornada de trabajo “voluntario” pues de lo contrario pueden perder su trabajo. De alguna manera ellos también son clandestinos. Pero clandestinos humillados. Alguna vez, más temprano que tarde, los reivindicaremos.


2 comentarios:

Terly dijo...

Hola, Arcangel:
Desde España, mi apoyo por vuestra lucha, palabra en mano, contra quien coarta vuestras libertades.
Soy amigo bloguero de Martha Colmenares y a través de ella conozco bien vuestras inquietudes.
Un abrazo.

Arcangel Vulcano dijo...

Terly, Muchísimas gracias por tus palabras de solidaridad.

En efecto, nuestra respetada y querida amiga,la luchadora periodista Martha Colmenares, es una de nuestras mejores y más constantes y mejores exponentes y ejemplo de dignidad repúblicana, en defensa de los derechos ciudadanos. Es una referencia obligada a la hora de estudiar, evaluar y a nalizar la complejísima situación política y social, que vivimos actualmente en Venezuela y en Latinoamérica.

Un fraternal abrazo.