viernes, junio 19, 2009

¿El látigo de Cristo o la violencia de Pilatos?


POR. ARCANGEL VULCANO.

“Bien aventurados los mansos de corazón, bien aventurados los pacificadores porque ellos verán a Dios, de ellos es el reino de los cielos…”Jesús.

Algunos notables analistas políticos se plantean actualmente en Venezuela una difícil disyuntiva que podríamos resumirla haciéndonos la siguiente interrogante: ¿Qué debe hacer la poli clasista democrática multitudinaria oposición venezolana, ante la ya abiertamente declarada actitud dictatorial del régimen que ejerce el poder político, quien cínica e inescrupulosamente ha violado y sigue violando flagrantemente la Constitución Nacional, desconociendo la voluntad popular, desacatando descaradamente el mandato del pueblo, ignorando los resultados lectorales que le fueron adversos en varias regiones del país, obstruyendo, saboteando y torpedeando las legítimas gestiones gubernamentales de gobernadores y alcaldes identificados con los partidos y organizaciones pertenecientes a la diversa y plural oposición democrática venezolana; acaso deberían esos masivos factores políticos nacionales continuar insistiendo en el camino electoral, o apelar y recurrir a las vías de hecho violentas, de fuerza, que conllevarían a una eventual confrontación fraticida armada con los distintos sectores partidarios oficialistas, hasta producir un desenlace fatal que dirima la actual situación de crisis política insostenible en virtud de la ausencia de diálogo, los abusos y atropellos cometidos inescrupulosamente desde el manejo manipulador, irregular, abusivo inmoral, anti ético e ilegal del gobierno?Hay algunos serios analistas muy reflexivos como el enigmático Judío Errante que han sostenido la tesis de que “Si los demócratas del continente no nos unimos para detener el avance y eventualmente extirpar este mal, muy pronto no quedará donde correr, pues habrán tomado todos los espacios geográficos en los que hoy existe libertad y democracia”.http://judioerrante.wordpress.com/2009/06/12/pretro-mendigo/#commentsNosotros sin el ánimo de polemizar pero si de debatir, por nuestra parte, ante esas respetables, valiosas, realistas y lapidarias expresiones, hemos contrapuesto nuestros modestos argumentos, ante sus serias advertencias, y las amenazas contra los demócratas, para sostener que estamos claros en que es necesario unirse, organizarse, desplegarse y movilizarse, para detener el avance del mal y al menos si no extirparlo, porque no compartimos jamás ningún exterminio cualquiera fueran sus razones y motivaciones, al menos si para derrotarlo en buena lid; pero con trabajo de las sociedades democráticas poli clasistas unidas, mediante la acción política efectiva y lícita; sin recurrir a la guerra fraticida ni al acorralamiento del adversario político sino logrando una convivencia y colaboración de ser posible . Por eso, hay que trabajar juntos con la gente de buena voluntad engañada por ahora; pero rescatable.

Hemos enfatizado también que estamos en favor de la lucha política cívica, civilizada, democrática, pacífica, jamás violenta, aunque lógicamente también entendemos y nos preocupa la ausencia de escrúpulos del adversario anti ético e inmoral que enfrentamos y que irrespeta las reglas democráticas…lo cual no justifica que debamos imitarlo para vencerlo, sino que hay otras maneras, y habrá que concertarlas; ¡no será fácil!, pero imposible no es…hay maneras, hace falta claro está, de mucho talento, inteligencia, conocimiento, sabiduría, liderazgo inspirador, carismático, avasallante y efectivo, para implementar conjuntamente, coherentemente estrategias y tácticas adecuadas; es como una guerra fría lamentablemente….

Por lo demás, pues estamos plenamente de acuerdo con el respetado y estimado Judío Errante, sobre el necesario e indispensable valor que los demócratas deberíamos demostrar ante el escenario difícil que vivimos y afrontamos, sobre todo, conociendo perfectamente a quienes nos enfrentamos (despiadados); sin embargo, le hemos sugerido leer y evaluar el artículo del periodista Rafael Poleo titulado “La trampa del Odio” http://doc.noticias24.com/0906/pendulo12j.htmlel cual suscribimos íntegramente y recomendamos tener en cuenta, precisamente a la hora de abordar y analizar estos difíciles aspectos que hoy discutimos frente a un país que espera de nosotros lo mejor:“Debemos evitar que la sangre llegue al río” –dice Poleo- y lo acompañamos en su prédica realizada casi como una suplica generalizada a las almas piadosas y pacifistas que existan en Venezuela para intentar contener y neutralizar la estrategia del odio implementada en Latinoamérica por el denominado eje del odio (Internacional comunista). Por eso insistimos: Hay maneras civilizadas e inteligentes; pero advertimos que no es fácil porque el enemigo es taimado, inescrupuloso, infatigable, inmoral capaz de justificar cualquier exceso u atrocidad con tal de lograr sus inconfesables fines y objetivos; pero no es invencible, y podemos derrotarlos juntos, muy unidos inspirados en los más excelsos valores humanistas, democráticos y espirituales. Es la difícil ciencia de la política la que habría que aplicar con éxito; la historia está plagada también de buenos ejemplos practicados en momentos aún más complejos y aciagos para la humanidad, que condujeron a lograr resultados distintos a los que algunos sugieren; aunque estamos contestes en que el empleo de la fuerza para derrocar a un régimen “tiránico” es siempre una posibilidad lícita, y viable cuando no queda más remedio (Santo Tomás de Aquino); pero también existen métodos de lucha no violentos, como por ejemplo el de la resistencia pacífica y la desobediencia civil, sin recurrir a la violencia ni a la guerra fraticida. Nos inclinamos preferiblemente por el empleo racional y responsable de ellos, jamás por temor, ni remotamente por cobardía, sino por convicciones cristianas y filosóficas muy arraigadas que defenderemos siempre; claro que, respetamos a quienes sugieren aquellos.

Preferimos a los pacifistas prominentemente sobre los guerreros, es cuestión de filosofías y de convicciones, y hasta de fe (Cristo es nuestro salvador). Ejemplos de pacificadores como Jesús y Gandhi son los que sugerimos seguir e imitar. Claro que, no faltarán quienes prefieran a Truman, o tal vez a Churchill. Nosotros nos inclinamos por Jesús y Gandhi, porque no nos agradan las presuntas soluciones que implican lanzar bombas atómicas, ni las que sugieren el empleo de las bayonetas; no deseamos para nuestro pueblo más “sangre, sudor y lágrimas” aspiramos es vida, paz y prosperidad para todos, y es posible lograrlo porque tenemos todo para conseguirlo, es cuestión de desacuerdo en cuanto a los métodos sugeridos a emplear para resolver las naturales diferencias producto de la diversidad.

“Difícil es enfrentar las balas con flores y buenas intenciones, por lo menos, eso no es lo que nos muestra la historia venezolana, hasta ahora” Advierten con natural y lógica preocupación, y sin faltarles razón algunos acuciosos analistas como el respetado Judío Errante. Nos hacen recordar a Don Rómulo Betancourt, cuando con motivo de la insurrección armada producida en Venezuela durante su “gobierno democrático” con motivo de la invasión por Machurucuto en oriente, luego de suprimir a sangre y fuego a los insurrectos y conspiradores, para justificar sus acciones militares lógicamente violentas, dijo en un célebre e inolvidable discurso refiriéndose a los conjurados y alzados en armas contra la república:”…y como ustedes comprenderán mis queridos conciudadanos, no podíamos recibirlos con serpentinas y papelillos, sino con plomo…”; también nos recuerda otra frase atribuida al mismo presidente emblematizado por algunos como “El Padre de la democracia venezolana”, que revelaría supuestamente sus buenísimas intenciones pacificadoras y libertarias para sus amados queridos conciudadanos: “disparen primero y averigüen después”. ¿Quien puede negar que “hasta ahora”, lamentablemente las diferencias entre los distintos grupos que han usufructuado en su beneficio el poder político, se han resuelto preferiblemente a través del empleo irracional de la violencia a través del uso de las armas contra sus hermanos; sin embargo, no siempre ha sido así; además, precisamente no tiene por qué seguir siendo para siempre así, de ese modo lamentable. Queremos, aspiramos, nos conviene y necesitamos que a partir de ahora las cosas sean de otro modo, y eso depende de todos los venezolanos pacíficos y de buena voluntad, que sin dudas somos la mayoría, ¿alguien puede negarlo?

A plomo limpio y de forma normalmente violenta y sangrienta, es como normalmente los venezolanos a través de nuestra historia republicana (conocida) hemos debido resolver “casi siempre” nuestras naturales diferencias, y pareciera según la prédica de algunos confesos sutiles instigadores apocalípticos, que le hacen cínicamente y sin ningún rubor apologías a la guerra y a la violencia, incluso intentando en vano desmoralizarnos y ridiculizarnos a quienes aspiramos y abogamos por mantener permanentemente la paz mediante el empleo de los métodos pacíficos y civilizados, denominándonos y calificándonos como unos “lanzadores de flores y buenas intenciones”, como quien dice los lanzadores de ineficaces e inocuas serpentinas y papelillos que desdeñó aquel prócer ensalzado por sus discípulo de hoy como el supuesto “Padre de la democracia venezolana, a quien si le aprueban tácitamente su seria oferta de preferir echar “plomo” antes que serpentinas y papelillos a sus prójimos alzados contra su reconocido régimen demócrata, así como aprueban sus órdenes de “disparar primero y averiguar después”. Pareciera según ellos entonces, que ya estuviéramos resueltos y resignados a aceptar semejantes métodos primitivos e incivilizados para siempre. ¿Y por qué debemos aceptar eso como un axioma que no podemos cambiar? Nos negamos. ¿Hasta cuando vamos los venezolanos de buena voluntad, en su gran mayoría pacíficos y civilizados, a dejarnos dominar, encasillar y arrear como borregos, por culpa de las apetencias de un puñado minúsculo de irresponsables, en su mayoría enfermos mentales, sociópatas, desquiciados, sicóticos, neuróticos, antisociales, inadaptados, ambiciosos de riqueza fácil y mal habida, de poder político y económico?. ¿Hasta cuando permitiremos inmóviles, ser empujados irresponsablemente a la inútil confrontación y a la guerra fraticida, por las causas de unos grupitos de seudo dirigentes políticos, que mantienen al país sumergido en una espantosa crisis política, social y económica, pese a la descomunal riqueza del país que es de todos, por culpa de sus actuaciones torpes, erradas, equivocadas; procurando muy convenientemente mantenernos divididos entre buenos y malos, y muy distraídos en sus delirantes diatribas, que escenifican en razón de sus distintos inconfesables y rastreros intereses personales, una pelea a muerte por el control del poder y de la botija petrolera desde siempre en nuestra historia, disfrazados de ideólogos de derecha, de centro o de izquierda, para disimular sus rastreras ambiciones ocultas?

Nosotros no toleramos, ni apoyamos, ni apoyaremos jamás, los métodos violentos y de guerra de unos ni de otros, probadamente empleados en todo el mundo contra millones de seres humanos inocentes; y nos declaramos pacifistas; y recordamos estás maravillosas palabras del maestro Jesús en su sermón de la montaña “Bien aventurados los mansos de corazón, bien aventurados los pacificadores porque ellos verán a Dios, de ellos es el reino de los cielos…” No apoyamos ni a los denominados y autoproclamados demócratas, que en nombre de la libertad y de la democracia han matado a millones de inocentes en sus guerras antiterroristas, y lanzado bombas atómicas para dizque defender los derechos de la humanidad; ni tampoco de quienes en nombre de los supuestos derechos del proletariado, en su lucha a muerte contra el imperialismo, las injusticias y la explotación del hombre por el hombre, han sumido a sus pueblos en interminables conflictos fraticidas, convirtiendo en carnicerías humanas a países enteros mediante brutales cacerías de brujas desatadas por su diabólico odio, movidos por la venganza, el resentimiento social, las diferencias raciales, religiosas o filosóficas, sumiéndolos en la intolerancia, la miseria, la hambruna y la más espantosa esclavitud, sobran ejemplos.

Quienes auspiciamos y promovemos los métodos de lucha política pacíficos y civilizados, estamos contestes de que siempre existirán quienes no respetan a nada ni nadie cuando se trata de disputar el poder y defender sus parcelas, por lo que corremos el riesgo siempre de ser calificados como unos lanzadores de flores, ingenuos idealistas tirándole flatulencias a la luna. Así, hemos visto caer bajo el inclemente y mortífero fuego de las balas asesinas, a inigualables seres humanos pacifistas como Gandhi, vilmente asesinado, por un fanático político religioso. Debimos sufrir la muerte de seres inofensivos como el artista inmortal Jhon Lenon, brutalmente muerto a tiros por un enfermo mental. Inolvidable también fue la muerte del Presidente estadounidense, el demócrata católico J F Kennedy; así como de su controversial hermano y también luchador en defensa de los derechos civiles, duro oponente de la guerra de Vietnam, el candidato presidencial Robert Kennedy; ambos luchadores por las causas pacifistas más nobles. Podríamos citar interminables ejemplos, que parecerían darle la razón a quienes advierten que es difícil combatir con buenas intenciones, lanzándoles flores, serpentinas y papelillos a quienes emplean delictivamente sin derramar una lágrima por nadie, las balas en nombre de sus ideales políticos y sociales en pro de hacer justicia y lograr la igualdad de todos; pero al contrario, a medida que más personas hemos visto morir firmes en sus convicciones y manteniendo en alto la banderas de la lucha no violenta; auspiciando y promoviendo la paz, más nos sentimos mayormente identificados, consustanciados y comprometidos con ellos y esas causas; así como con la lucha inquebrantable, valiente e indoblegable de esos mártires caídos.
De tal manera, que insistimos en que la mayoría del pueblo venezolano es pacífico, aspira, anhela y sueña vivir permanentemente en paz, en libertad y en democracia; y el hecho de que existan “algunos” (minoritarios) que quieran otra cosa muy diferente (guerra, violencia), no significa en modo alguno que estaríamos de acuerdo con ellos,¡jamás! Incluso en el supuesto negado de que logren imponernos por la fuerza de las armas y a tiro limpio su visión violenta, totalitaria y autocrática de la sociedad, mediante el empleo cobarde e inescrupuloso mediante la aplicación de sus métodos violentos; siempre los rechazaremos; sin embargo, hay que aclarar, que eso no significa que debamos privarnos de usar los métodos lícitos y válidos, para ejercer dignamente, con coraje, valentía, decisión y determinación, el derecho a la legítima defensa de nuestro pueblo; pero eso jamás implicaría de ningún modo estar de acuerdo ni imitar a quienes aplican los métodos violentos.

¿Cómo olvidar que en países como la India, millones de hindúes estuvieron dominados por uno de los imperios más poderosos de la tierra, como lo era el británico, y lograron liberarse del yugo opresor y colonialista ancestral, por la acción decidida, valiente y firme, de un solo hombre vulnerable, en apariencia débil e insignificante, llamado Gandhi, quien los inspiró con la fuerza que le daban sus convicciones a luchar unidos pacíficamente, para conquistar y recuperar sus derechos arrebatados por el invasor todo poderoso y taimado? Gandhi, un singular e inigualable místico, iniciado en los más antiguos principios universales, sin disponer de avanzadas tecnologías, ni armas sofisticadas y letales, con escasos recursos, pudo inspirar, organizar, motivar, movilizar eficazmente y multitudinariamente a un pueblo entero, para conquistar su libertad. Claro que antes debieron morir miles de inocentes, bajo el infame garrote imperialista y caer ante el poder de fuego asesino de los fusiles británicos; ¿pero al final qué ocurrió, acaso Gandhi al morir violentamente a manos de un agresivo fanático dejó de tener razón en emprender sus luchas de resistencia pacífica? Sinceramente creemos que Gandhi jamás dejó de tener razón; pero además, los cristianos en nuestras luchas cotidianas, debemos siempre inspirarnos en el ejemplo que nos dio nuestro redentor Jesús, quien nos enseñó: “Amad a tu prójimo como a ti mismo; perdonad a vuestros enemigos; si te golpean en la mejilla, poned la otra mejilla…”eso naturalmente no es fácil, porque no somos místicos iniciados, ni monjes tibetanos, ni nada que se le parezca; ¡claro! qué afortunadamente también Jesús nos enseñó a usar correcta y efectivamente su látigo cuando nos dio el ejemplo expulsando valiéndose de el a los insultantes fariseos del templo de “su Padre”; y a fin de cuentas, tenemos la convicción, de que es lo que el mayoritario pueblo pacífico venezolano sabrá también hacer …¿Con cual látigo creen que lo hará, acaso no será con el mismo que debió usar Cristo?, no hay que olvidar que en ese célebre episodio bíblico, aunque Jesús el Cristo en persona se vio obligado a emplear “la violencia racional”, usando el látigo, allí no se produjo ni un sólo herido, ni se derramó sangre hebrea ni romana (enemigos), no se refieren víctimas; al parecer únicamente se derramó el contenido de los cestos, las mesas y las jaulas en las que estaban enseres, mercancías y los animalitos de corral, tales como palomas, gallinas, probablemente algunos corderos, cerdos etc; los que por cierto, debieron salir junto a los fariseos huyendo despavoridos del templo; ¡claro! que, seguramente también algunos insistirán en que Jesús debió después morir violentamente en la cruz; pero nadie en su sano juicio podría hoy día afirmar que no se justificaba la lucha pacífica del mismísimo Dios y su amado hijo, ni atreverse a argumentar a favor de los violentos, que como su hijo murió por causa de la violencia aplicada letalmente por sus taimados perseguidores homicidas, ellos entonces serían quienes tendrían la razón, lo que justificaría el uso de sus métodos violentos más exitosos, y no los empleados por el sentenciado a muerte y ejecutado brutalmente en la cruz.

Sin dudarlo, nos identificamos ayer, hoy y siempre, es con los métodos pacíficos empleados por el crucificado resucitado; sobre todo con los empleados en el episodio en el que Jesús debió con determinación valerse de un látigo para hacer respetar el templo de su Padre, para lograr eficazmente expulsar a los fariseos. Es mediante el empleo racional del látigo de cristo que puede lograrse imponer el orden donde hay caos, tal y como nos lo enseñó Cristo usando efectivamente y magistralmente su poderoso látigo; aunque hemos de advertir, que el verdadero y auténtico poder de su eficaz látigo, no estaba en la fuerza para empuñarlo y usarlo en sus manos contra sus oponentes, sino en la indoblegable fortaleza y determinación de su espíritu, en la fuerza poderosa e inquebrantable de su voluntad, de su fe y de sus convicciones; pero sobre todo, en la divina y providencial inspiración de Dios Todo Poderoso, su Padre celestial, que es también el nuestro, como también lo es el látigo de cristo, que tenemos disponible en nuestros invencibles corazones, para usarlo adecuadamente siempre que lo necesitemos. Preferimos usar el látigo de Cristo y no la violencia de Pilatos, para dirimir nuestras diferencias entre hermanos de un mismo pueblo, eso si debemos tener el rejo en la mano, mostrarlo permanentemente y estar dispuestos y decididos a usarlo cuando sea necesario para imponer como Cristo el orden donde hay caos.

2 comentarios:

Rosario dijo...

Cocmo siempre mi querido amigo un inmerso placer leerte y aprender de ti.
Un besito Rosario

Arcangel Vulcano dijo...

Respetada y estimada Rosario, honor que nois haces con tu siempre grata visita y el generoso comentario.

Un fraternal abrazo y besos.