
Y si hay algún cambio es en la robadera, las mentiras y la manipulación. Son mejores
Un grupo de militares golpista se apodera del país, años después de haber intentado asesinar al presidente constitucional del momento y luego de salir de la cárcel enteritos, con buen respaldo popular y con el apoyo secreto de importantes empresario e influyentes políticos que, a su manera, ayudaron a crear al monstruo.
El chavismo reformista, mas no socialista, contó con dinero y aviones de los industriales más pesados del país, de los dueños de medios y hasta corporaciones y bancos del exterior. La jugada de siempre. Los alzados prometían acabar la corrupción, devolver el orden y disciplina perdidas y reinstalar las instituciones masacradas por componendas y desviaciones. ¿Y la revolución? Nada de eso. Militares con mano dura y honestidad a toda prueba. Eso se creía que eran. Comunistas, piticastristas, jalamecates de Castro, nunca.
Ese asunto del izquierdismo aparece mucho después. Ya instalados en el poder por varios años, traicionando a los financistas y socios originales y con un buen muestrario de mal gobierno, a pesar del realero que han manejado siempre, necesitaron, como todavía lo necesitan, un enemigo fenomenal que eternamente esté al acecho de los buenos militares criollos. Listo. Nada mejor que el viejo esquema de gobierno del anciano moribundo de Cuba, siempre dispuesto a vender su sabiduría con tal de que lo mantengan a él, a su familia, a sus herederos políticos y, si queda algo, soltar las respectivas migas para un pueblo empobrecido y sometido a punta de labia, armas, represión, mentiras, guerras monstruosas, magnicidios y golpes. Y claro, ese imperialismo infaltable en este cuento.

¿Revolución? Si acaso hay una revolución es en el método del asalto y la mentira. Más descarado el robo, en total impunidad, en medio del servilismo institucional y, para completar el cuadro, con entreguismo absoluto ante cualquiera, sea ruso o norteamericano, que quiera venir a ganarse unos reales y a pagar buenas comisiones.

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