
El domingo próximo, en las elecciones regionales, estarán en juego muchas cosas que tienen que ver con el futuro de nuestro país. Resulta imposible enumerarlas todas en el espacio de que dispongo para este artículo, pero no está de más mencionar las que considero más importantes.
La oposición ha asumido la sabia conducta de no atacar al teniente coronel presidente porque considera que, haciéndolo, en lugar de debilitarlo, lo fortalece y lo hace aparecer ante sus seguidores y ante el pueblo en general como una víctima. Creo que esa estrategia ha sido acertada. La disidencia no se ha dejado encandilar con los "trapos rojos" con los que constantemente intenta provocar. Sin embargo, es el propio teniente coronel presidente quien ha convertido las elecciones regionales en un plebiscito: si votas por la oposición votas contra mí. Si votas por mis candidatos votas por mí y eres patriota, apoyas la revolución y contribuyes a construir el país socialista. De manera que el 23N, porque así lo ha planteado él, los electores, además de votar por nuestros gobernadores, alcaldes, integrantes de los consejos legislativos, y en el caso de la zona metropolitana de Caracas por nuevo Alcalde Mayor y por integrantes de esa Alcaldía, estaremos votando a favor o en contra del teniente coronel presidente. El elector tendrá que escoger entre dos alternativas: o votas para preservar la democracia o votas a favor de convertir a Venezuela en una segunda Cuba, bajo un régimen fidelo-comunista.

Como el teniente coronel presidente sabe que del resultado de las elecciones regionales depende el futuro de ese proyecto, recurre a toda clase de amenazas, dirigidas no solamente contra los numerosos candidatos que tienen prácticamente asegurada su elección en diversos Estados del país, sino contra todos nosotros, contra los ciudadanos, contra el pueblo. Ello sin contar el ventajismo, el abuso de poder y el empleo del discurso procaz para insultar a la ciudadanía que cada vez más se avergüenza de constatar cómo de la boca del Primer Mandatario emanan insultos el calibre que él emplea. Cada día más desenfrenado, nervioso, exasperado. El quisiera que la oposición reaccionara para poder seguir atacándola y de esa manera recuperar al apoyo, y la simpatía popular que gradualmente ha venido perdiendo.
Es inconcebible que a estas alturas de la civilización exista en el mundo un gobernante que amenace con sacar el Ejército a la calle y hacer rodar los tanques armados para emprender una guerra contra un pueblo que lo único que quiere es ejercer democráticamente su derecho soberano al sufragio para elegir a sus representantes. Puede ser que esas amenazas no pasen de allí, pero inevitablemente ejercen un efecto amedrentador sobre el grueso de la población humilde.



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