martes, noviembre 25, 2008

Chávez desde el balcón del pueblo a repartir boletos para Isla Borracha


POR:ARCANGEL VULCANO.

¿Qué fue lo que determinó que un Chávez acostumbrado a celebrar efusivamente sus triunfos electorales desde el célebre balcón del pueblo, junto a sus fanatizados partidarios el domingo 23 por la noche, prefiriera trasladarse al pequeño recinto de un hotel capitalino a ofrecer una rueda de prensa junto al reducido comando político de su partido? ¿Cómo es que un individuo habituado a ser aclamado por las multitudes, en vez de hacer lo propio luego de obtener una supuesta amplísima victoria electoral y de haber derrotado -según dice- de forma contundente a sus adversarios políticos, se pierde la oportunidad de festejar apoteósicamente su supuesto triunfo, como correspondería, rodeado de su amado pueblo que debía esa misma noche vitorearlo?

Desde nuestra perspectiva, de acuerdo a experiencias anteriores, Chávez debió escoger, seleccionar con premeditada, calculadora, fría y medida actitud el momento preciso de su aparición pública la noche del domingo 23. Para tal fin, como es lógico tenía que evaluar distintos escenarios posibles, y desde luego analizar detenidamente junto a sus principales asesores y colaboradores de mayor confianza, la totalidad de los resultados electorales que le suministraban por distintas vías que son típicas en este tipo de situaciones. Chávez como es natural, disponía de un eficiente equipo político diestro para trabajar en menesteres electorales. Es así como durante todo el día 23 debió disponer de todo tipo de mediciones y resultados que le daban clara cuenta de cómo se producían las proyecciones y tendencias. Como en otras ocasiones, lo más probable es que Chávez se había propuesto en un primer momento esperar pacientemente la emisión del primer boletín oficial del CNE , el cual se produjo al filo de la media noche; pero es obvio que Chávez, al igual que sus rivales, desde muy temprano ya conocían la gran mayoría de los resultados de todo el país suministrados directamente por las informaciones directas que le llegaban entre otras fuentes de su partido a través de el cúmulo de la copias de las actas que le proporcionan a todos los participantes. De tal manera, que Chávez tuvo suficiente tiempo para meditar y decidir, luego de evaluar los resultados, cómo, cuando, dónde, con quienes y con qué carácter debía aparecer ante el país y por qué?

Sobre el modo, nadie puede a estas alturas tener dudas, con toda seguridad debía ser transmitida su alocución por televisión en un preciso instante, él sería la noticia. Tampoco es difícil determinar el cuando, es muy claro, que su aparición debía hacerse inmediatamente después de concluir la transmisión oficial del primer boletín oficial ofrecido por la presidenta del CNE.

Las interrogantes más complejas de responder son las demás. ¿Dónde debía aparecer, con quienes, con qué carácter y por qué? Chávez apareció de repente, sin aviso previo, sorpresivamente, en un lugar en donde no era esperado por sus principales colaboradores, y rodeado de escasos seguidores, en el pequeño salón de reuniones de un hotel capitalino, muy poco acondicionado para recibir multitudes, lugar donde la directiva de su partido PSUV se encontraba ofreciendo informaciones generales del proceso en boca de sus principales figuras, quienes lucieron visiblemente desconcertados ante la presencia del líder máximo.

De acuerdo a los antecedentes y la controversial personalidad de Chávez, suponemos que todo el mundo lo esperaba ver aparecer esa noche jubiloso, sonriente y triunfante en caso de ganar las elecciones, convenientemente ataviado de rojo rojito con su inseparable boina escarlata en el balcón del pueblo, con los brazos en alto golpeando con su mano derecha la palma de su mano izquierda, saludando a las multitudes congregadas en cambote, cantando a capela el himno nacional, junto a sus principales Ministros, familiares y amigos, rodeado de una fervorosa manifestación de partidarios emocionados, celebrando juntos y con transmisión en cadena nacional, su eventual gloriosa victoria, ¿Qué pasó, por qué no hubo una bulliciosa y pletórica celebración desde el balcón del pueblo en el palacio de Miraflores, por qué la avenida Urdaneta y sus alrededores no estaban repletas con las masas populares, ni arengadas por su Jefe providencial, omnipresente y omnipotente ¿Qué pasó? ¿Acaso la hoy publicitada victoria no era digna de celebrarse junto al pueblo? ¿Debía ser anunciada y explicada la victoria hasta la saciedad en cadena nacional durante largas horas, para que en efecto fuera comprendida? ¿Había que valerse de abundantes cálculos matemáticos para lograr hacerla creíble, no podía acaso explicarse suficientemente esa misma noche? ¿Qué ocurrió, por que decidió Chávez, irse a encerrar en un salón de hotel?

Chávez con conocimiento de causa y efecto, a la luz de los resultados electorales que conocía perfectamente al instante de producirse, decidió no celebrar la presunta victoria en el balcón del pueblo y creemos conocer las razones.

Percibimos que Chávez no se encontraba con su habitual buen estado de ánimo, no estaba muy alegre, lo cual se nos hizo evidente al mostrársenos sombrío, descolorido, demacrado, con el rostro hinchado –tal vez por causa del cansancio por la jornada de trabajo- pero su rictus lo hacía ver muy lúgubre y quebrantado –posiblemente por la bronquitis que confesó padecer- pero es obvio que su actitud no era la de alguien que estuviera muy feliz, ni contento y menos jubiloso, sino que muy preocupado; pero además, sus ojos mostraban su encono, su incontenible y muy mal disimulada ira. Nadie sabe que pasaba por su mente, ni que atormentaba su alma en ese instante, pero su conducta y su discurso lo revelan.

Chávez decidió irse a aparecer frente al país en ese sitio poco habitual porque al conocer los resultados, recibió inesperadas y desagradables noticias que le fueron muy sorprendentes y negativas para sus planes de anunciar la victoria apoteósica que deseaba, esa misma noche desde el balcón del pueblo. Privaron para decidirlo probablemente razones anímicas, emocionales, psíquicas y también políticas.

Chávez podía manejar derrotas provinciales cualesquiera que estas fueran; pero jamás podría celebrar en Caracas si pasaba lo que ocurrió, perdiendo inesperadamente y sorpresivamente la Alcaldía mayor en la denominada Gran Caracas; no contaba con la tragedia que significaría que su principal pupilo el profesor Aristóbulo Istúriz perdiera con Antonio Ledezma antiguo pupilo del expresidente Carlos Andrés Pérez, adecos ambos de uña en el rabo, -que poco se ha dicho- por eso Chávez no podía soportar ni celebrar en Caracas que su revolución seudo bolivariana perdiera esa importante, significativa, emblemática y simbólica plaza, por ser la cuna de Simón bolívar, y menos en manos de un adeco curtido. Pero además, al perder también en el estado Miranda su pupilo Diosdado Cabello frente a un antiguo copeyano como Henrique Capriles, a quien tildó públicamente de "oligarca, hijito de papá, sifrino, golpista, fascista y ricachón"; igualmente en el Municipio Sucre a Carlos Ocaris quien derrotó a su discipulo Jesse Chacón, en la populosa Parroquia de Petare, así como vencieron ampliamente los representantes opositores en los Municipios capitalinos, en Chacao Graterón (PJ); en Baruta Gerardo Blayde (UNT) y en el Hatillo Mirian Do Nacimiento (AD) practicamente arrazando; tal vez por eso debió sentirse absolutamente rodeado de adecos y copeyanos, cercado, sitiado y muy decepcionado de sus partidarios a quienes de seguro culpa de su tragedia, y de las derrotas secretamente por ahora; pero debió decidir amargamente que no debía premiarles ni celebrarles absolutamente nada, porque al perder su principal bastión y reducto capitalino contra adecos y copeyanos, los considera a todos unos ineptos, aunque hipócritamente debiera consolarlos públicamente para evitar un efecto desmoralizante general. Chávez debió concluir enseguida, que ellos se dejaron arrebatar su más importante feudo estratégico, su mayor y mejor trofeo, Caracas, y eso no se los perdonará jamás, ni a sus figurines derrotados, ni a sus confiadas huestes revolucionarias a quienes posiblemente no tardará en acusar de “flojos”, como ya lo hizo alguna vez.

Chávez desconsolado, calculó enseguida su próximo movimiento, prefirió irse al hotel a hacer su chow histriónico, sabía que perdieron el control absoluto de la capital y que no había nada que celebrar, por eso simplemente no celebró desde el balcón del pueblo. Chávez no debe haber sentido nada bueno en el instante que conoció los resultados electorales, estos debieron golpearlo y abatirlo hondamente; imaginamos que en su mente debieron estar presentes en ese crucial momento las imágenes de sus camaradas perdedores Diosdado Cabello, Aristóbulo Istúriz y Jesse Chacón, los más famosos ganadores del boleto exclusivo para ser penitentes en Isla Borracha.

Un Chávez sombrió, patético muy oscuro, decidió aparecer en aquel tétrico escenario de hotel, junto a todos los jefes del PSUV de menor rango, para hacer justicia y cobrar sus cuentas; los escogió deliberadamente por razones estrictamente políticas, estratégicas y tácticas. Su mensaje ha sido muy nítido, les dijo simbólicamente: El único líder del partido soy yo y ninguno de ustedes me hará sombra. Fue a repartir los boletos para la Isla Borracha a los candidatos perdedores, quienes serán sus huéspedes penitentes sin retorno. Concurrió presuroso a entregarles ante las cámaras el título de culpables, por haber perdido en la capital de la república y arruinarle la celebración en el balcón del pueblo (la cara de Aristóbulo era de antología). Chávez actuó en su carácter de presidente del partido; asumió el comando inmediato del partido, les hizo la cruz a los camaradas que se creían herederos universales de su liderazgo, especialmente a Aristóbulo Istúris y Diosdado Cabello; pero también fue a enterrar políticamente al Alcalde Mayor metropolitano Juan Barreto.

Chávez hizo su sorpresiva jugada porque intuyó rápidamente que haría el ridículo celebrando frente al balcón del pueblo, rodeado de derrotados, identificándose y asemejándose a los que considera como principales culpables de su derrota en la Capital Caraqueña y penitentes de la Isla Borracha, escurrirían el bulto haciendo mutis, dejándolo solo asumiendo su derrota, y explicándole al país lo inexplicable, que es ganador pero no ganó en su casa, y muy desarmado sin argumentos. Debía enseguida intentar hacer olvidar sus advertencias, que aseguraban que si perdía en esos lugares, vendrían por él.

Chávez debió ayer explicar durante largas horas al mundo sin lograrlo, cómo es que puede asegurar que obtuvo una gran victoria perdiendo en la cuna del Libertador Simón Bolívar, y en los más poblados estados que integran el principal corredor electoral que conforman el corazón de Venezuela, como lo son Zulia, Carabobo, Miranda, Táchira y Nueva Esparta, y para colmo de sus males, la zona capitalina. Desde el abandonado balcón del pueblo se fue a repartir boletos para Isla Borracha; debió irse presuroso. Ayer se lamió sus heridas de gladiador frente a todo el mundo pero no convenció, nos pareció que acusó el fuerte golpe, y por eso se apresuró a descabezar compadeciéndolos por sus derrotas con tiempo a sus posibles contendores internos que aspiran disputarle la candidatura presidencial y el control del partido, la denominada derecha endógena (chavismo sin Chávez), pero presurosamente con su jugada mediática del domingo 23, todos sus principales exponentes fueron desde ese hotel sellados en la frente con la palabra indeleble "derrotados", y montados en el vuelo directo con destino sin retorno a la Isla Borracha, donde purgarán sus penas, mientras el caudillo afina su tino para impulsar su reelección indefinida, desde ya haciendo marómas, artilugios para los cuales es ya un consumado mago histriónioco, que actúa audaz en el circo que montó para hacer ayer su chow, y así continuar avanzando en la consolidación de su proyecto político sin ningún segundón que le incomode, dejando claro que en el PSUV él es el único Jefe supremo.

1 comentario:

Yetro dijo...

Arcángel:

Muy bueno. Enlacé en post en mi blog.

Salu2