
Aunque los marines no le den un parao al presidente Hugo Chávez, fatalmente cualquier día en tres semanas quedará inmóvil y sólo saldrá del palacio de Miraflores en helicóptero, cuando las mamás de los estudiantes lleven a sus hijos a clases y unas gotas de lluvia paralicen el tráfico: los chavistas más chavistas gritarán socialismo o muerte sin avanzar un centímetro. En Ciudad Bolívar hasta 10 veces diariamente no hay luz. El deterioro del Metro no lo molestan a él ni a los jefes militares, porque cierran el tráfico hasta en la autopista Caracas-La Guaira para circular como en cualquier país del primer mundo. Hugo Chávez derrotará a la oligarquía, a la campaña mediática, al imperialismo y al capitalismo, pero los teléfonos dejarán de funcionar. Acabará con los intermediarios en la distribución de gasolina y con las contratistas de Cantv. Los 40.000 litros de gasolina que transporta un vehículo cisterna se venden en Venezuela por 4 millones de bolívares y en Colombia por 90 millones de bolívares. Ese camión cisterna cruza la frontera con muchísima más facilidad de la que lo hace un infeliz que transporta unos cuantos galones en su carro.


La oposición, mal que bien, cumplió lo acordado el pasado 23 de enero, cuando firmó un pacto para lograr la unidad, aparte de excepciones como las situaciones que se produjeron en los estados Bolívar, Táchira y otros más. Pero en algunos estados, como Miranda y Anzoátegui, varios candidatos sin ninguna posibilidad de triunfo se empecinan en campañas por tercos, o por algo peor: deliberadamente contribuyen al triunfo de un Diosdado Cabello, cuya derrota tendría tremendas repercusiones políticas.

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