martes, junio 12, 2007

EL JACOBINO HUGO CHÁVEZ Y SU AMENAZA DE GUILLOTINA


"LA FASE JACOBINA"
Por. Macky Arenas.

Tal vez el efecto menos notorio, pero más trascendental de la presencia estudiantil en la calle ha sido el silencio de los motores de la revolución. Están embanderados. Como silbando en la oscuridad, entre las frecuentes e innumerables amenazas presidenciales, se incluyó el abordaje de la “fase jacobina”. Conviene recordar que los jacobinos eran los más radicales de los revolucionarios franceses de finales de 1700 y deben su nombre al Convento de los Jacobinos, donde instalaron su cuartel general. El presidente del club era un hombre de aspecto repulsivo llamado Maximiliano Robespierre.
Un día de Enero de 1793, uno de los más notables agitadores de la historia, subió a la tribuna de la Convención y exclamó: “No negociamos con tiranos. No les apuntamos sino a la cabeza… ¡Voto por la muerte del tirano!”. Era Georges-Jacques Danton y se refería al monarca Luis XVI, personificación de la arbitrariedad absolutista. A partir de ese momento, una serie de acontecimientos se precipitaron para abrir espacio a un huracán revolucionario que arrasó con La Bastilla, símbolo del poder real. El acontecimiento no sólo cambió a Francia para siempre y a Europa por contagio, sino que su lema “Libertad, Igualdad y Fraternidad”, inspiró a cuanto movimiento independentista se gestaba en América.
Algunos factores se conjugaron para que el pueblo de París se sublevara y tomara las armas el 14 de julio de 1789. La incompetencia gobernante, las largas colas para adquirir el pan —cada vez más escaso—, la corrupción. Los líderes de la revuelta demandaban una Constitución y el cese de los privilegios. Armaron asambleas populares y tribunales revolucionarios. La revancha activada era de tal magnitud que sólo el terror podía saciarla en una primera etapa y contenerla más adelante. El instrumento del terror jacobino era la guillotina, una cuchilla inventada, irónicamente, por un médico profesor de anatomía de nombre Joseph Ignace Guillotin, que cortó casi 400 cabezas contrarrevolucionarias entre el 10 de junio y el 27 de julio de 1794, después de segar las de los reyes.
Robespierre, un reformador que se radicalizó con la revolución, no sólo envió a la guillotina las testas monárquicas, sino todas aquellas sospechosas de albergar algún pensamiento moderado o disidente. La avidez de la guillotina y del implacable Comité de Salud Pública, creado por los revolucionarios para sanear la República de indeseables, fue dando cuenta de cada uno de ellos. Se llevó a Danton con la venia de Robespierre y luego se llevó a Robespierre con la venia de los demás. Ambos lucían todopoderosos justo hasta ser detenidos. La desgracia le llegó a los jefes jacobinos tan acelerada y abrupta como se comportaba la revolución que condujeron.
Danton, el protagonista por excelencia de la caída de la monarquía y creador del Tribunal Revolucionario fue víctima del terror que contribuyó a instalar. Y Robespierre, el llamado “incorruptible”, el primer dictador moderno, el eje del jacobinismo, el primer gobernante socialista, introdujo la guillotina como arma para instaurar el terror y salir de los enemigos políticos… y la guillotina permitió a los franceses salir de él. Hasta el sol de hoy, se han negado a levantarle una estatua en París, aún debiéndole las fronteras del Rhin que años después perdería Napoleón.



Robespierre encarnó la Revolución Francesa, uno de los cuatro o cinco acontecimientos capitales de la modernidad. En realidad, fundar el moderno patriotismo francés fue lo único “incorruptible” que legó a la Humanidad.

¿Alguien le habrá contado esto al presidente Chávez, quien anda desatado evocando los tiempos jacobinos?
Fuente: 2.001 (Venezuela). "La “fase” jacobina". Macky Arenas

"GOLPE SUAVE TERCER EJERCITO Y GENOCIDIO"

Por: Alberto Garrido.

Esa gran explosión, aseguró Chávez, sería revolucionaria. “Se devolvería contra ellos y tampoco queremos que eso ocurra”, dijo.

La reflexión de Chávez incluye dos elementos más que explican por qué no es conveniente que la “gran explosión” ocurra: sería cívico-militar y jacobina.

Cívico-militar porque (Chávez dixit) “antes (11-A) no existía la reserva militar, que son cientos de miles de hombres y mujeres entrenados para el combate y están en los barrios, en las fábricas. No teníamos la fortaleza de la Fuerza Armada que hoy tenemos, desde el generalato hasta los mandos medios. No teníamos la fortaleza política, la fuerza social ni la fortaleza económica que hoy tenemos en las regiones”.

De acuerdo a Chávez, el desenlace del choque entre la nueva y peculiar ola de protesta contra su Gobierno traería una respuesta jacobina, situación histórica que lleva a recordar las guillotinas cargadas de sangre -incluida la de la cabeza de varios de los jefes revolucionarios. Así, la etapa jacobina de la revolución sería ejecutada por el Tercer Ejército o Ejército de Bolívar, concepto que se originó en la guerrilla bolivariana (PRV): pueblo y soldados constituirían un Tercer Ejército (fusión Ejército-Pueblo), capaz de realizar una verdadera revolución.

Cuando Chávez redactó el Proyecto Nacional Simón Bolívar (1991-1992) y aceptó las observaciones de sus compañeros del MBR-200 (”¿Y cómo salir de este laberinto?”, Yare-1992), rescató el concepto de Tercer Ejército (fusión Ejército-Pueblo o Pueblo en Armas). Desde entonces ha buscado concretarlo (alianza cívico-militar que debe dar paso a la etapa de la fusión cívico-militar).

Ahora está seguro de que ya lo tiene (sectores de la FAN, Reserva, Guardia Territorial) y la opción de tomar el atajo jacobino es muy grande. Significaría la “Ruptura Histórica”. El asunto es que del otro lado, más allá de que pueden estar pescando en río revuelto conocidos vivillos, la fuerza de calle opositora la representan estudiantes, periodistas y artistas que están desarmados. Una cosa es el enfrentamiento entre sectores armados nacionales (guerra interna) o de Ejércitos regulares entre ellos (guerras de mediana o alta intensidad), o entre Ejércitos y oponentes no estatales (Guerra Asimétrica) y otra muy distinta que grupos armados masacren a civiles indefensos. Esa no sería una revolución. Sería un genocidio.

Fuente: www.eluniversal.com. Alberto Garrido.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

"Perro que ladra no muerde", cuidado y si el pueblo lo comienza a mirar con un ojo abierto y otro cerrado, como si fuera un Luis XVI moderno, porque ya se está cansado de puras promesas, de tantos discursos vacios,que no le resuelven el problema de inseguridad en los barrios, ni les da empleo, ni estabilidad, ni nada, pura labia, ideología.

El pueblo que ahora será el "jacobino" no bajó, cuando el jefe gritó pidiendo auxilio: "Bajen a la avenida Bolívar, vengan a defender la revolución"; lo dejaron sooolitooo...Cuando esos cerros bajen no va a ser para defenderlo, sino para reclamarle y cobrale que no les cumplió tanto paraiso prometido, que no llegó nunca.

Ciudado y si la revolución "jacobina" no se la hace el mismo pueblo comandado por los nuevos líderes universitarios y de la sociedad civil, pero no para llevarlo a la guillotina, sino para sacarlo del poder y hacerlo pagar en prisión por tantas violaciones a los derechos humanos.

Abog. Eugenia Bavaro dijo...

Así es.. él que "recuerda" tantas cosas..que recuerde esto.
Saludos.-